¿Qué es el infarto?



El infarto es el cuadro clínico producido por la muerte de una porción del músculo cardíaco. Esto se produce cuando se obstruye completamente una arteria coronaria. Cuando se produce la obstrucción se suprime el aporte sanguíneo.

Cuando el músculo cardíaco carece de oxígeno durante demasiado tiempo, el tejido de esa zona muere y no se regenera. Cuanto más dure el ataque, más daño sufrirá el corazón y mayor será la posibilidad de morbilidad.
Debido a ello, una rápida intervención médica es indispensable para salvar la vida de la persona.

Para que el corazón funcione correctamente la sangre debe circular a través de las arterias coronarias. Sin embargo, estas arterias pueden estrecharse dificultando la circulación. Si el corazón se expone a un sobreesfuerzo pueden aparecer trastornos y formarse un coágulo que a su vez puede tapar una arteria semiobstruída. Esta obstrucción, interrumpe el suministro de sangre a las fibras del músculo cardiaco. Al dejar de recibir sangre estas fibras mueren de forma irreversible. El infarto ocurre cuando un coágulo de sangre (trombosis coronaria) obstruye una arteria estrechada.

Normalmente el infarto no sucede de forma repentina. Puede llegar causado por la arterioesclerosis, un proceso prologado que estrecha los vasos coronarios.

El infarto se manifiesta con dolores o presión en la zona torácica, sensación de agotamiento, cansancio, mareos y dolor o calambres en el brazo izquierdo. La angina de pecho, que es una opresión o dolor temporal y que se inicia en el pecho y a veces se extiende hacia la parte superior del cuerpo, suele preceder al infarto.

La angina de pecho suele ocurrir cuando se exige al corazón un esfuerzo superior, cuando hay tensión emocional o después de consumir una comida copiosa ya que se requiere un mayor flujo de sangre para hacer la digestión. La angina de pecho se produce porque el corazón no recibe la cantidad necesaria de oxígeno y otras sustancias. Los depósitos grasos obstruyen las arterias coronarias que rodean y nutren el corazón y recibe el nombre de ateroesclerosis.
 

Una vida saludable:

El riesgo de padecer un infarto puede evitarse siguiendo algunas pautas de vida saludable:
. Dejar de fumar
. Llevar una dieta equilibrada, rica en frutas, verduras, legumbres y cereales.
. Hacer ejercicio.
. Evitar las bebidas alcohólicas


Síntomas
El dolor del infarto no cede aunque la persona haga reposo, mientras que el de la angina de pecho suele desaparecer al interrumpirse el esfuerzo que desencadenó el dolor.

Los modernos dilatadores coronarios (unos fármacos) son muy eficaces, aunque la mejoría es transitoria y el ataque puede volver a repetirse si no se ha podido corregir la causa que lo origina.

A diferencia de la angina de pecho, el infarto provoca la muerte de las células en la zona afectada (necrosis isquémica) debido a la privación de oxígeno durante un período de tiempo demasiado largo. Tras la necrosis (muerte celular) se produce una eliminación del tejido muerto y la organización y cicatrización del infarto.

Un infarto de miocardio es una urgencia médica por definición. Ante alguien que está sufriendo un infarto, hay que buscar inmediatamente atención médica. Las demoras son un error grave que se cobra miles de vidas cada año.

Síntomas habituales

Dolor torácico intenso y prolongado, que se percibe como una presión intensa y que puede extenderse a brazos y hombros (sobre todo izquierdos), espalda e incluso dientes y mandíbula. El dolor se describe como un puño enorme que retuerce el corazón. Es similar al de la angina de pecho, pero más prolongado y no cesa aunque se aplique un comprimido de nitroglicerina bajo la lengua.

Dificultad para respirar.
Sudoración.
Palidez.
Mareo. Es el único síntoma en un 10 por ciento.
Otros: Pueden aparecer náuseas, vómitos, desfallecimiento y sudoración.


Cómo se diagnostica
Monitorización electrocardiográfica

Constituye un elemento fundamental para el diagnóstico del infarto agudo, porque, además, permite analizar su evolución. De hecho, al paciente se le mantiene controlado a través de un monitor de electrocardiograma durante todo el tiempo que permanece en la unidad coronaria del hospital.

El electrocardiograma es una representación gráfica de las fuerzas eléctricas que trabajan sobre el corazón. Durante el ciclo cardíaco de bombeo y llenado, un patrón de pulsos eléctricos cambiantes refleja exactamente la acción del corazón. El electrocardiograma es indoloro y suele hacerse con el paciente estirado y tranquilo, excepto cuando se
realiza durante una prueba de esfuerzo. Sólo detecta alteraciones en el momento en que se produce el dolor. Con posterioridad, se emplea únicamente para confirmar o descartar si se ha producido daño en el corazón.

Análisis de sangre
El dato que puede obtenerse a través del análisis en laboratorio verdaderamente relevante para realizar un diagnóstico es el aumento de la actividad sérica de determinadas enzimas, que se liberan dentro del torrente sanguíneo a causa de la necrosis que se está produciendo: la creatincinasa, la transaminasa glutámico-oxalacética y la deshidrogenasa láctica. Estas enzimas se conocen con las siglas CK, ASAT y LDH. Estas enzimas no son específicas del músculo cardiaco, lo que hace que sus valores no sirvan para determinar el diagnóstico de infarto.

Para dar éste último con seguridad, los valores enzimáticos se toman por series durante los 3 primeros días. Los valores máximos de estas enzimas presentan una correlación discreta con la extensión de la necrosis, aunque también se deben tener en cuenta otros factores que influyen en su grado de actividad. En definitiva, se trata de un cálculo de valores complejo. Por otra parte, también se obtienen parámetros interesantes para el pronóstico, como el nivel de colesterol, los niveles de azúcar (la diabetes aumenta el riesgo de cardiopatía) y de hormonas tiroideas (una tiroides hiperactiva puede producir anomalías cardiacas).

Prueba de esfuerzo
Detecta la presencia de enfermedad coronaria en 3 de cada 4 pacientes, y la descarta en un 90 por ciento. Se puede hacer sobre una bicicleta estática o una cinta rodante, pero el principio es el mismo: se colocan electrodos en el cuerpo (para el registro del electrocardiograma) y un manguito de tensión; el paciente pedalea o anda por la cinta rodante. El
médico que supervisa la prueba observa mientras tanto los cambios de tensión arterial, pulso y trazados del electrocardiograma. La prueba se completa en media hora (se abandona si aparecen cambios que sugieran enfermedad en los parámetros observados, o si el paciente no la tolera físicamente por agotamiento o por dificultad para respirar). Si la prueba de esfuerzo es anormal, es posible que sean necesarias otras pruebas más complicadas, como un cateterismo cardíaco o un estudio isotópico.

Los estudios isotópicos asociados a la prueba de esfuerzo consisten en el estudio del corazón con isótopos, una prueba muy exacta, fácil de hacer, no invasiva (indolora y sin pinchazos) y que no necesita ingreso hospitalario. La radiación que recibe el enfermo es baja y evita otras pruebas más complicadas. Consiste en inyectar una pequeña dosis de
isótopo radiactivo en la vena durante la prueba de ejercicio en cinta rodante. Un dispositivo especial registra una serie de imágenes de las localizaciones del isótopo en el corazón (las áreas oscuras indican partes del corazón donde no llega bien el flujo de sangre). Sin embargo, no dan información sobre la arteria bloqueada en concreto.

Existen diferentes modalidades de exploración isotópica: la escintigrafía, que aumenta la sensibilidad y la especificidad de la prueba de esfuerzo en varones; la ventriculografía, que permite determinar con gran rapidez los volúmenes ventriculares y detectar zonas de movilidad anormal a causa de la isquemia, muy útiles de cara al pronóstico; y la gammagrafía, que puede detectar defectos en la expansión o contracción de la pared del corazón, señal de que las
arterias no transportan la suficiente cantidad de sangre oxigenada a la zona.

Cateterismo cardíaco y coronariografía
Es la técnica más adecuada, también de cara al pronóstico, para determinar la posible presencia y extensión de cardiopatía isquémica. La coronariografía permite determinar la localización y grado de obstrucción de las lesiones arteriales que puedan haberse producido. No obstante, tiene contraindicaciones, en el sentido de aplicar el consiguiente catéter que la precede en el músculo cardiaco: no puede realizarse cuando el paciente presenta trastornos de coagulación, insuficiencia cardiaca, disfunción ventricular, patologías que también impiden realizar cirugía cardiaca.


Tratamiento
Es muy importante, cuando se sospecha que puede estar produciéndose un infarto, pedir ayuda y buscar atención médica inmediata. Si la persona está conduciendo, hay que dejar el vehículo y no intentar conducir uno mismo hasta un hospital.

Las distintas posibilidades de tratamiento, una vez en el centro sanitario, son las siguientes:

Oxígeno: puede ser la primera medida en el hospital o en la propia ambulancia. .
 

Analgésicos (medicamentos para el dolor): si el dolor torácico persiste y es insoportable, se administra morfina o medicamentos similares para aliviarlo.

Trombolíticos: son medicamentos para disolver el coágulo que impide que fluya la sangre. Se administran sustancias como la estreptoquinasa, bien en la vena o directamente en el coágulo por medio de un catéter.

Nitratos: los derivados de la nitroglicerina actúan disminuyendo el trabajo del corazón y, por tanto, sus necesidades de oxígeno. También
pueden tomarse en pastillas de acción prolongada o administrar la nitroglicerina en forma de parches de liberación lenta sobre la piel. En la fase aguda de un ataque al corazón, suele administrarse por vía venosa.

Betabloqueantes: actúan bloqueando muchos efectos de la adrenalina en el cuerpo, en particular el efecto estimulante sobre el corazón. El resultado es que el corazón late más despacio y con menos fuerza, y por tanto necesita menos oxígeno. También disminuyen la tensión arterial.

Digital: los medicamentos derivados de digital, como digoxina, actúan estimulando el corazón para que bombee más sangre. Esto es especialmente aconsejable si el ataque cardiaco produce insuficiencia coronaria.

Calcioantagonistas o bloqueantes de los canales del calcio: impiden la entrada de calcio en las células del miocardio. Esto disminuye la tendencia de las arterias coronarias a estrecharse y también el esfuerzo del corazón. No suelen usarse en la fase aguda de un ataque al corazón, aunque sí inmediatamente después.

By-pass: significa atajo o ruta alternativa. Se trata de tomar un trozo de vena de uno mismo (generalmente la vena safena de la pantorrilla) e implantarlo en las arterias coronarias, "saltándose el bloqueo". La vena safena tiende a producir bloqueos similares a los de las arterias coronarias, por lo que desde hace poco se usa más la arteria mamaria interna, que está al lado del esternón. Desde allí se lleva esta última hasta la arteria coronaria afectada.

Este tipo de solución es mejor que el injerto de vena safena, porque la tendencia a producir arteriosclerosis posterior es menor. La cirugía mayor del corazón se hace bajo anestesia general y la intervención suele durar varias horas, parte de las cuales la función del corazón y los pulmones la asume una máquina de circulación extracorpórea. Después de la intervención, se ingresa en la unidad coronaria durante unos días, donde se controlan a través de monitores el ritmo cardiaco y otros signos vitales, al tiempo que se recibe alimentación y medicación a través de una vena.

Las intervenciones de by-pass coronario se hacen todos los días en el mundo y son muy seguras. Los candidatos ideales a cirugía de by-pass coronario son: pacientes con bloqueo de la arteria coronaria izquierda (la más importante); pacientes con enfermedad de varios vasos y mala función del ventrículo izquierdo; pacientes con angina incapacitante.
Angioplastia coronaria: básicamente consiste en remodelar el vaso taponado desde dentro del propio vaso, al que se accede a través de la piel (vía percutánea).

Todo ello se hace con anestesia local. Tras una inyección de anestesia en la ingle o en la zona del hombro, se introduce en una arteria de la pierna o del brazo un catéter guía. Después se inserta un segundo catéter, más pequeño, dentro del catéter guía, que tiene un globo hinchable en la punta para poder ensanchar la parte ocluida de la arteria. Todo el proceso se completa en un período de entre 30 y 90 minutos. Sin embargo, la angioplastia no cura la enfermedad de base (arteriosclerosis, por lo general) y, en ocasiones, hay que repetirla para reabrir el mismo vaso, que ha vuelto a obstruirse.
La cirujía de tipo "a corazón abierto" no puede clasificarse dentro de la cirujía rutinaria. De hecho es una operación importante y delicada.

Durante este tipo de intervenciones, el corazón del paciente deja de latir y es reemplazado por una máquina que mantiene la respiración y simula los latidos. Se usará una vena de la pierna para reemplazar a las venas calcificadas que salen o entran del corazón y que han ocasionado la intervención. La operación dura unas 5 ó 6 horas. Al paciente se lo
conecta a un pulmón artificial y al acabar la operación se le trasladará a la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Algunos pacientes se "despiertan" demasiado pronto después de este tipo de operaciones y se les tendrá que provocar de nuevo la caída en un estado comatoso; esto es necesario porque es necesario que la temperatura corporal de la persona que va a ser operada se mantenga baja durante la operación. Para devolver al cuerpo del paciente a la temperatura normal, se colocará al paciente bajo unas potentes lámparas que elevarán la temperatura del cuerpo hasta su nivel natural.

Para que el paciente vuelva a respirar por él o ella mismos, se necesitan de dos a seis horas después de la operación.

En el Hospital Hamlet de Dinamarca, una institución privada, sólo la familia más cercana al paciente tiene permitidas las visitas a la UCI.

LA ESTANCIA EN LA UCI SE LLAMA "DÍA CERO".

El uso del pulmón artificial puede conllevar problemas colaterales, de corta duración; algunos de estos efectos son PÉRDIDA DE MEMORIA, DEPRESIÓN y CANSANCIO. Estos efectos desaparecen en un par de semanas y no todos los pacientes sufren estos efectos colaterales del uso del pulmón artificial.

La persona que se somete a una operación a corazón abierto queda normalmente agotada durante algunos meses después de la operación y puede llevar más de tres meses que los pacientes se recuperen con totalidad.

Por ello, la COMPRENSIÓN por parte de la familia y de los amigos del paciente es muy necesario. Algunas personas pueden comentar: "Después de que a mí me operasen por esto o aquello, estaba de nuevo recuperado en una semana". Estas personas no entienden que las personas que han sido sometidas a una operación de BY-PASS (cirujía a corazón abierto) deban cancelar fiestas y reuniones con los amigos debido a la fatiga que experimentan como consecuencia de la operación.

No se pueden comparar las operaciones a corazón abierto con cualquier otra de las consideradas "operaciones rutinarias"

La siguiente cita proviene de un famoso sacerdote y escritor danés al que, después de someterse a una operación de corazón abierto, se le entrevista, estando postrado en su cama y, de repente, empieza a llorar ante la cámara. Se disculpa por su llanto y dice: "Sí, lo siento. De golpe empiezo a llorar como ahora, sin motivo aparente. Pero son
lágrimas de alegría, porque la operación se ha acabado y yo estoy vivo".

Todas las personas sometidas a operaciones de BY-PASS necesitan cuidados después de la operación y durante unos meses. Algunos empiezan a hablar inmediatamente después de la operación, mientras que otros hablan de su
experiencia después de pasado algún tiempo.

¡¡CUANDO UN PACIENTE DE BY-PASS EMPIEZA A EXPLICAR SU EXPERIENCIA, ES MUY IMPORTANTE ESCUCHAR!!
Las Enfermedades Cardiovasculares
Los Procedimientos Cardiacos
Los siguientes procedimientos se usan con frecuencia para la evaluación  y el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares. Consulte a su médico o profesional para el cuidado de la salud para obtener información más específica.


Procedimientos cardiacos para los ritmos anormales del corazón:

Ablación con Catéter
Este procedimiento utiliza ondas de radio o terapia con frío para corregir un área anormal del sistema eléctrico del corazón, que generalmente se encuentra durante un estudio electrofisiológico.


Marcapasos Permanente
El marcapasos permanente se inserta en el interior del corazón y en la parte superior del pecho del paciente para que suministre un latido fiable del corazón cuando el ritmo del latido del propio corazón es demasiado rápido, demasiado lento o irregular. Generalmente se coloca un marcapasos permanente mientras que el paciente está en el laboratorio de
electrofisiología.


Cardioversor Desfibrilador Interno
Un desfibrilador es insertado en el corazón y el pecho del paciente para enviar una descarga eléctrica de poca intensidad cuando es necesario que el ritmo del corazón vuelva a ser normal.


Procedimientos cardiacos para la cardiopatía (enfermedad del corazón):
Angioplastia Coronaria
En este procedimiento se utiliza un catéter para crear una apertura más grande en un vaso para aumentar el flujo de sangre. Aunque la angioplastia se realiza en otros vasos sanguíneos, el término Angioplastia Coronaria Transluminal Percutánea (su sigla en inglés es PTCA) se refiere a la angioplastia de las arterias coronarias, que permite un mayor flujo de sangre hacia el corazón. Existen varios tipos de PTCA, entre los que se incluyen los siguientes:
 

Angioplastia de globo - se infla un pequeño globo dentro de la arteria en cuestión para abrir el área obstruida.
 

Aterectomía - el área obstruida de una arteria se "rasura" con un dispositivo minúsculo situado en la punta de un catéter.
 

Angioplastia con láser - se utiliza un láser para "vaporizar" la obstrucción de la arteria.
 

Stent de una arteria coronaria - un minúsculo dispositivo con forma de espiral se lleva hasta la arteria obstruida para abrir el área bloqueada y se deja allí para mantener la arteria abierta.


By-pass de las Arterias Coronarias
Un procedimiento quirúrgico en el que se extrae de determinada parte del cuerpo un pequeño trozo de una vena o arteria y se trasplanta en el corazón para by-pass o desviar las arterias coronarias obstruidas.


Trasplante de Corazón
Un procedimiento quirúrgico para pacientes seleccionados cuyos corazones tienen daños tan severos que no se pueden curar ni con medicamentos, procedimientos ni con cirugía. El corazón de un donante se trasplanta en el paciente para sustituir al corazón enfermo.


Procedimientos cardiacos para la enfermedad valvular:
Valvuloplastia
Un procedimiento en el que se utiliza un catéter con un globo grande para abrir una válvula del corazón que se ha estrechado, generalmente como consecuencia de una cicatriz. El catéter se lleva a través de la aorta hasta la válvula, y una vez allí se infla hasta que las aletas se aflojan. Después se desinfla el balón y se retira del cuerpo.


Reparación Valvular
Un procedimiento quirúrgico en el que una válvula dañada se repara aflojando las aletas que se han puesto rígidas o tensando las aletas que se han aflojado.


Sustitución Valvular
En este procedimiento quirúrgico, una válvula mecánica o de tejido se transplanta en el corazón para sustituir la válvula dañada.

 
CIRUGIA CARDIACA
40 años a corazón abierto PATRICIA MATEY

EN 1953, John Gibbon -doctor de Philadelphia- «jugó» a ser Dios.

El fue el primer hombre en la historia de la Medicina que mantuvo viva a una joven paciente a la que paró su corazón con el fin de reparar una comunicación interauricular y, tras finalizar la intervención, pudo devolverle sus latidos.
Había logrado que una máquina, la extracorpórea, localizada a pocos metros de la mesa de quirófano hiciera de corazón, bombeando la sangre de la paciente. Su éxito -fruto de años de trabajo e intentos frustrados- animó un año después a
otros científicos como Lillehei, de la Universidad de Minnesota, a realizar cirugía cardiaca en la que la extracorpórea se convirtió en la fuente de vida de los pacientes. Y hoy, cuando han pasado 40 años desde que Gibbon «mirara» a
Dios a los ojos, las operaciones a corazón abierto son un procedimiento habitual en la mayoría de los hospitales occidentales. Pero, nuevas técnicas como el láser podrían «jubilar» a muchas de las intervenciones que actualmente
se realizan.

 
Pero a pesar de que serrar el tórax, detener el motor del organismo para intervenirlo y luego ponerlo en marcha es el ritual de cualquier intervención cardiaca y de que estas operaciones alargan cada año la vida de cerca de

300.000 personas en todo el mundo, algunos expertos aseguran que, en el futuro, los «milagros» diarios tenderán a desaparecer. «Hay que investigar nuevas fórmulas que permitan tratar las patologías del corazón sin necesidad de
abrir a los pacientes», asegura el doctor Angel Pinto, jefe de la Unidad de Cirugía Cardiaca del Hospital Ruber Internacional de Madrid.
Una vez que Gibbon traspasó la barrera de la «locura» y enseñó al mundo que era posible aislar al corazón, muchos expertos empezaron a manipular los motores humanos: querían reparar cualquier fallo en el sistema principal que
impidiera que los pacientes estuvieran más años en circulación.
Así fue como en mayo de l967, en la Clínica Cleveland de Ohio, -el «garage» en el que trabajaba el argentino René G. Favorolo- se llevó a cabo la primera operación de «by-pass» coronario.
Favorolo extrajo de un paciente de 51 años, que padecía una oclusión en la arteria coronaria derecha, un segmento de la vena safena y unió con ella las secciones afectadas de la arteria. Su «reparación» revolucionó la terapéutica de la cardiopatía isquémica, la enfermedad más extendida del mundo occidental.
Hoy, los «puentes» coronarios se realizan con arteria mamaria interna en lugar de utilizar vena safena, lo que ha mejorado considerable las expectativas de «by-pass» aortocoronario, ya que la futura oclusión de este tipo de injertos es
mucho menor (el 90% permanece permeable a los 10 años).
Carlos Salazar, 51 años, lleva un «by-pass» desde hace ocho años y asegura que se encuentra perfectamente. «Mi médico me dijo que podía tratarme con fármacos en lugar de intervenirme, pero que el riesgo de infarto era mayor. No me
lo pensé dos veces. Lo único que me preocupaba, después de enterarme bien de cómo se realizaba la intervención, era si mi corazón volvería a ponerse en marcha después de que lo hubieran parado, pero volvió a latir y aquí estoy».
En 1991, 4.000 españoles pasaron por la mesa de quirófano para someterse a un «by-pass». Un número de pacientes similar se realizó una angioplastia, un procedimiento que nace en 1977 y que tiene el mismo objetivo que el «puente
aortocoronario»: desbloquear las arterias. Para ello se introduce un catéterinflable en la arteria femoral, en el muslo, que llegará aorta arriba hasta la arteria coronaria obstruida. Una vez allí, el balón del extremo se infla y rompe la placa que obstruye el paso de la sangre por los vasos. No obstante, los estudios demuestran que este procedimiento es menos eficaz que los «puentes aortocoronarios» ya que en la mayoría de los casos, y en poco tiempo, la arteria vuelve a taponarse. Y si el «by-pass» ha logrado «desatascar» las arterias obstruidas, la implantación de válvulas ha permitido a muchos corazones enfermos continuar latiendo.

La intervención

Es el caso de un paciente de 65 años que la semana pasada fue intervenido en el Hospital Ruber Internacional. «Y pensar que este hombre no quería operarse, con esta válvula no hubiera durado más de un año», comenta el cirujano al
mando de la intervención. Junto a él, tres enfermeras, dos cirujanos, el anestesista y la perfusora, la persona al cargo de controlar el funcionamiento de la circulación sanguínea extracorpórea. Cuando la pequeña sierra que abre el esternón deja el corazón al descubierto, se preparan los tubos que trasportarán la sangre, bombeada en la máquina extarcorpórea, hasta el organismo.
Todo está listo para detener los latidos cardiacos. Antes, se descenderá la temperatura del órgano vital con el fin de evitar su deterioro. Una vez paralizado, la extracorpórea comienza a funcionar.
Extirpada la válvula deteriorada, los cirujanos cosen minuciosamente los hilos que permitirán emplazar la válvula nueva en su sitio. El tiempo de intervención es vital. «¿Cómo va? Faltan 5 minutos», pregunta la «bombista» (apelativo
coloquial que suelen recibir los perfusores) «Bien, ya estamos terminando», contesta uno de los cirujanos. La llamada cardioplejia -una solución que se  inyecta directamente en el músculo cardiaco para bajar su temperatura e impedir
su deterioro mientras permanece inmóvil- ha permitido que el corazón pueda permanecer parado durante más tiempo. De los 20 minutos que anteriormente disponían los cirujanos para realizar la «reparación», se ha pasado a unos 50 o
más.
«Cuanto menos tiempo se utilice la extracorpórea mejor, porque la sangre está siendo manipulada y bombeada artificialmente, lo que provoca su deterioro», explica la perfusora.
La habilidad y naturalidad con la que se lleva a cabo todo el procedimiento, la destreza a la hora de manipular el órgano más vital del organismo, demuestran que el cuerpo es en realidad una máquina, un coche, cuyo motor -por otro lado
esencial para el funcionamiento - se puede estropear y en buena parte de los casos, arreglar.
Y para las casos en los que la reparación no es posible, el trasplante se convierte, en ocasiones, en la única salida. El doctor Christian Nethling Barnard dejó abierta esta puerta el 3 de diciembre de 1967. Durante la madrugada del día 2, una joven de 24 años ingresa agonizante en el hospital Grooter Schuur de la Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Su muerte la
convertiría en la primera donante de corazón. El receptor, Louis Waskansky, 55 años, falleció a los 18 días de recibir el trasplante. Un año después, se produce el auge de los trasplantes de corazón, pero el índice de supervivencia, al año, era tan sólo del 2%.
Diecisiete años más tarde, en 1984, se llevaba a cabo en el Hospital de Santa Creu i Sau Pau de Barcelona el primer trasplante en España. Con el tiempo, han llegado a ser 12 los centros españoles donde los pacientes pueden recibir un
corazón. De ahí que el número de trasplantados españoles haya aumentado desde los 93, que se realizaron en el 84 hasta los 287 que se han logrado en 1993.
José María Pindao, el séptimo trasplantado en nuestro país, es el español que más años está viviendo con un corazón donado. «LLevo el corazón de una joven de 22 años desde el 16 de octubre de 1984. Reconozco que al principio estaba
asustado, porque sabía que se habían realizado muy pocos trasplantes en España.
Pero confiaba en mis médicos y además no tenía otra opción. Me habían dado tres meses de vida. He aprendido a vivir con este corazón, que es el mío, y hago una vida completamente normal». José María Pindao, presidente de la
Asociación de Trasplantados de España, asegura que hay que concienciar a la población de que donar órganos es salvar vidas. «Ahora hay 6.000 personas en lista de espera y 50 de ellos necesitan un corazón. Es importante que estas personas sepan que la vida es posible después del trasplante».
Actualmente, está aumentando tanto el número de trasplantados cardiacos -cada año se realizan cerca de 3.000 en todo el mundo- como la supervivencia de los mismos: a los cinco años, la mortalidad es del 60% y a los 10, del 40%.
«La curva de la mortalidad está descendiendo poco a poco. Además, se ha incrementado el número de personas que recibe un órgano. En este sentido, España es el cuarto país del mundo en número de trasplantes», asegura el doctor
Rafael Llorents, director del Servicio de Cirugía Cardiaca y responsable del Programa de Trasplantes de Corazón de la Clínica Universitaria de Navarra.
Pero se necesitan más intervenciones. A pesar de que nuestro país encabeza la lista de donaciones, todavía harían falta más órganos para todos aquellos pacientes que vivirían gracias a ellos. Este problema, común en todo el mundo, ha motivado que los científicos busquen compatibilizar órganos animales para humanos. De ahí que el año pasado la Comisión Nacional Italiana de Bioética aceptara que se trasplantaran corazones de monos babuinos en bebés, dada
la dificultad de encontrar órganos humanos adecuados para receptores de temprana edad. Pero la experiencia, emprendida ya en 1984 en el Loma Linde de EEUU -una niña, Baby Fae, fue la primera en recibir un corazón de mandril- ha resultado fallida.
No obstante, los expertos siguen insistiendo. De hecho, en el Hospital La Jolla de California se están trasplantando corazones de mandriles en adultos.
Y en Gran Bretaña, donde existe una granja de cerdos transgénicos (los órganos han sido manipulados para que no reconozcan los antígenos humanos y se evite el rechazo), los científicos esperan que en menos de un año se realicen los primeros trasplantes en humanos adultos. «El xerotrasplante (trasplante con órgano animal) es el campo del futuro. También existen otros proyectos experimentales como es el de utilizar células cardiacas a las que se puede modificar su contenido genético. Es necesario seguir buscando alternativas como puede ser el trasplante mecánico para dar salida a todas aquellas personas que hoy y en un futuro necesitarán vivir con un órgano distinto al suyo», afirma el doctor LLorents. Un futuro que podría llegar a retirar a buena parte de las actuales intervenciones coronarias. Y ese futuro, casi presente, es el láser.
Un total de seis centros estadounidenses están investigando los resultados que se obtienen de «disparar» el láser directamente al corazón. Un procedimiento en el que no es necesario aplicar anestesia local ni paralizar los latidos
del corazón. Tras realizar 10 ó 15 disparos con el láser, se crean agujeros finos que se convierten en túneles que atraviesan las paredes de la cavidad inferior del corazón. Las aberturas exteriores se cierran en unos minutos, según
se va coagulando la sangre, pero, en el interior, los túneles siguen abiertos por el latido constante del corazón. Eso fuerza que la sangre se introduzca en el interior de los túneles y en todo el músculo del corazón, por lo que éste se
nutre de la sangre dentro de su propia cavidad.

fotos de operaciones a corazón abierto
http://hjem.get2net.dk/karin.hersted/spoperation.htm
Favarolo y el último by-pass http://www.firmaspress.com/084.htm

Renace una técnica que disminuye el riesgo en la cirugía de by pass.
Paola Bruno pbruno@losandes.com.ar
La idea es muy clara: no invadir al paciente. Por eso resurgió una técnica que permite realizar la cirugía de by pass sin detener el corazón, lo que implica no usar circulación extracorpórea. El paciente logra una mejor recuperación y se evitan complicaciones. Mendoza fue una de las pioneras en el uso de esta técnica, que ahora se aplica en todo el país.

Lo más importante de este método -que se denomina de revascularización miocárdica sin circulación extracorpórea o con corazón latiendo- es que no hay que parar el corazón para la intervención quirúrgica, sino que se logra inmovilizar el sitio en el que el cirujano va a trabajar. Esto se traduce en menos agresión para el paciente que en una cirugía estándar.

Si bien este procedimiento no es nuevo -llegó al país en 1978 y comenzó a difundirse a partir de 1996- en la actualidad lo usan la mayoría de los equipos cardiovasculares del país. "Alrededor de un tercio de los pacientes que llegan a nuestro equipo son operados de esta forma. Somos muy conservadores en la indicación, estudiamos cada caso en detalle",
aseguró el jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular de la Sociedad Española de Socorros Mutuos de Mendoza, Martín Farrando.

El especialista -quien fue el primero que comenzó a trabajar con esta técnica en Mendoza hace 15 años- explicó que el posoperatorio es menor que el de una operación cardíaca tradicional. "En una cirugía habitual el posoperatorio dura cinco días, con este tipo de intervención el paciente al tercer día está en su casa", dijo Farrando.

Este tipo de intervención es óptima para aquellas personas que padecen un alto riesgo para ser sometidos a circulación extracorpórea, pacientes con un deterioro muy severo de la función ventricular y con insuficiencia respiratoria. También se indica para aquellos paciente que tienen enfermedades vasculares cerebrales asociadas.

La tendencia médica actual afirma que no hay que "invadir" al paciente, por eso -según detalló Farrando- la real invasión se producía al trabajar con la bomba de circulación extracorpórea.

Este dispositivo -que se usa en las cirugías convencionales- permite que la sangre del paciente siga fluyendo cuando su corazón está detenido durante la operación. Sin embargo, en los últimos años numerosos estudios culparon a la bomba de circulación extracorpórea por la aparición de diversas complicaciones asociadas a la cirugía cardíaca.

"Edemas pulmonares, accidentes cerebrovasculares y otros problemas que dan lugar a daños cognitivos residuales, aunque la mayoría ocurre en un porcentaje muy bajo, dieron lugar a la necesidad de simplificar estas intervenciones para disminuir el riesgo de complicaciones", explicó a Los Andes el jefe del Servicio de Cirugía Cardíaca del Instituto
Cardiovascular de Buenos Aires, Daniel Navia.

Con estos resultados en mano, el uso de la técnica sin circulación extracorpórea aumenta. "En nuestro instituto los datos hablan por sí mismos: en 1997 esta alternativa quirúrgica representaba menos del 5 por ciento de los by passes, mientras que en lo que va de 2003 representó casi el 90 por ciento de las cirugías", aseguró Navia.

 

Colaboración CL Gonzalo Retamal Moya