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La virtud de la Prudencia |
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No nacemos prudentes, pero debemos hacernos prudentes por el ejercicio de la virtud. Y no es tarea fácil. El pensamiento puede
descarriarse como se descarría la voluntad, porque está expuesto a las
mismas pasiones y a los mismos condicionamientos. Pensar y bien, exige
una gran atención, no sólo sobre las cosas, sino principalmente sobre
nosotros mismos. La razón es la que ha de regir nuestra conducta en la verdad y por eso la prudencia es la primera de las virtudes cardinales. Pero la verdad requiere tener sosegada el alma para conseguir tener sosegada la mente con objetivas razones. Autor desconocido |