|
La otra mejilla |
|
Existía un monasterio que estaba ubicado en
lo alto de la montaña. Sus monjes eran pobres, pero conservaban en una vitrina tres manuscritos antiguos, muy piadosos. Vivían de su esforzado trabajo rural y fundamentalmente de las limosnas que les dejaban los fieles curiosos que se acercaban a conocer los tres rollos, únicos en el mundo. Eran viejos papiros, con fama universal de importantes y profundos.
En cierta oportunidad un ladrón robó dos
rollos y fugó por la ladera. - Que has hecho? Me has dejado con un
solo rollo. No me sirve. Nadie va a venir a leer un mensaje que está
incompleto. Tampoco tiene valor lo que me robaste. O me das lo que es
del templo o te llevas también este texto. Así tienes la obra completa. Los monjes no llegaron a comprender la
actitud del abad. Cuenta la historia que a la semana, el
ladrón regresó. - Aquí están los tres rollos, no son míos. Los devuelvo. Te pido en cambio que me permitas ingresar como monje. Mi vida se ha transformado. Nunca ese hombre, había sentido la
grandeza del perdón, la presencia de la generosidad excelente. El agresor espera agresión, no una respuesta creativa, inesperada, insólita. No sospecha la conmoción del poder incalculable de la otra mejilla. Enrique Mariscal |