Historia de la Navidad

25 de Diciembre y las fiestas paganas

Abajo encontrarán diferentes historias referentes a la Navidad. 

Por: Juan M. Ballesteros
El día de Navidad es el 25 de diciembre, cuando se conmemora el Nacimiento de Jesucristo en Belén según los evangelios de San Matías y San Lucas.
Después de la Pascua de Resurrección es la fiesta más importante del año eclesiástico.
Como los evangelios no mencionan fechas, no es seguro que Jesús naciera ese día.
De hecho, el día de Navidad no fue oficialmente reconocido hasta el año 345, cuando por influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianzeno se proclamó el 25 de diciembre como fecha de la Natividad.
De esta manera seguía la política de la Iglesia primitiva de absorber en lugar de reprimir los ritos paganos existentes, que desde los primeros tiempos habían celebrado el solsticio de invierno y la llegada de la primavera.
La fiesta pagana más estrechamente asociada con la nueva Navidad era el Saturnal romano, el 19 de diciembre, en honor de Saturno dios de la agricultura, que se celebraba durante siete días de bulliciosas diversiones y banquetes.

Al mismo tiempo, se celebraba en el Norte de Europa una fiesta de invierno similar, conocida como Yule, en la que se quemaban grandes troncos adornados con ramas y cintas en honor de los dioses para conseguir que el Sol brillara con más fuerza.

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Edad Media, nacimientos y villancicos.


Una vez incorporados estos elementos, la Iglesia añadió posteriormente en la Edad Media el nacimiento y los villancicos a sus costumbres. En esta época, los banquetes eran el punto culminante de las celebraciones. Todo esto tuvo un abrupto final en Gran Bretaña cuando, en 1552, los puritanos prohibieron la Navidad. Aunque la Navidad volvió a Inglaterra en 1660 con Carlos II, los rituales desaparecieron hasta la época victoriana.

Siglo XIX, árbol y postales de Navidad.

La Navidad, tal como la conocemos hoy, es una creación del siglo XIX. El árbol de navidad, originario de zonas germanas, se extendió por otras áreas de Europa y América. Los villancicos fueron recuperados y se compusieron muchos nuevos (la costumbre de cantar villancicos, aunque de antiguos orígenes, procede fundamentalmente del siglo XIX). Las tarjetas de navidad no empezaron a utilizarse hasta la década de 1870, aunque la primera de ellas se imprimió en Londres en 1846.

Santa Claus y el Espíritu de Navidad

La familiar imagen de Santa Claus, con el trineo, los renos y las bolsas con juguetes, es una invención estadounidense de estos años, aunque la leyenda de Papá Noel sea antigua y compleja, y proceda en parte de San Nicolás y una jovial figura medieval, el espíritu de navidad. En Rusia lleva tradicionalmente un cochinillo rosa bajo el brazo.

La Navidad en los tiempos actuales

Actualmente, la Navidad es tiempo de gran actividad comercial e intercambio de regalos, reuniones y comidas familiares. En Occidente se celebra la Misa del gallo en iglesias y catedrales. En los países de América Latina, de arraigada tradición católica, se celebra especialmente la Nochebuena (24 de diciembre) con una cena familiar para la que se elaboran una diversidad de platos, postres y bebidas tradicionales. También se acostumbra asistir a la Misa del gallo y celebrar con cohetes y fuegos artificiales.

La Adoración de los reyes Magos" - 1822

Por: Manuel Mujica Láinez
Relato perteneciente a "Misteriosa Buenos Aires"

Este relato de ficción, basa muchas de sus descripciones en el cuadro de Pedro Pablo Rubens, "La Adoración de los Magos" (1609), Óleo sobre lienzo, que se halla en el Museo del Prado, de Madrid.

Hace buen rato que el pequeño sordomudo anda con sus trapos y su plumero entre las maderas del órgano: A sus pies, la nave de la iglesia de San Juan Bautista yace en penumbra. La luz del alba -el alba del día de los Reyes- titubea en 1as ventanas y luego, lentamente, amorosamente, comienza a bruñir el oro de los altares.
Cristóbal lustra las vetas del gran facistol y alinea con trabajo 1os libros de coro casi tan voluminosos como él. Detrás está el tapiz, pero Cristóbal prefiere no mirarlo hoy.
De tantas cosas bellas y curiosas como exhibe el templo, ninguna le atrae y seduce como el tapiz de La Adoración de los Reyes; ni siquiera el Nazareno misterioso, ni el San Francisco de Asís de alas de plata, ni el Cristo que el Virrey Ceballos trajo de Colonia del Sacramento y que el Viernes Santo dobla la cabeza, cuando el sacristán tira de un cordel.
El enorme lienzo cubre la ventana que abre sobre la calle de Potosí, y se extiende detrás del órgano al que protege del sol y de la lluvia. Cuando sopla viento y el aire se cuela por los intersticios, muévense las altas figuras que rodean al Niño Dios.
Cristóbal las ha visto moverse en el claroscuro verdoso. Y hoy no osa mirarlas.
Pronto hará tres años que el tapiz ocupa ese lugar. Lo colgaron allí, entre el arrobado aspaviento de las capuchinas, cuando lo obsequió don Pedro Pablo Vidal, el canónigo, quien lo adquirió en pública almoneda por dieciséis onzas peluconas. Tiene el paño una historia romántica. Se sabe que uno de los corsarios argentinos que hostigaban a las embarcaciones españolas en aguas de Cádiz, lo tomó como presa bélica con el cargamento de una goleta adversaria. El señor Fernando VII enviaba el tapiz, tejido según un cartón de Rubens, a su gobernador de Filipinas, testimoniándole el real aprecio. Quiso el destino singular que en vez de adornar el palacio de Manila viniera a Buenos Aires, al templo de las monjas de Santa Clara.
El sordomudo, que es apenas un adolescente, se inclina en el barandal. Allá abajo, en el altar mayor, afánanse los monaguillos encendiendo las velas. Hay mucho viento en la calle. Es el viento quemante del verano, el de la abrasada llanura. Se revuelve en el ángulo de Potosí y Las Piedras y enloquece las manti1las de les devotas. Mañana no descansarán los aguateros, y las lavanderas descubrirán espejismos de incendio en el río cruel. Cristóbal no puede oír el rezongo de las ráfagas a lo largo de la nave, pero siente su tibieza en la cara y en las manos, como el aliento de un animal. No quiere darse vuelta porque el tapiz se estará moviendo y alrededor del Niño se agitarán los turbantes y las plumas de los séquitos orientales.
Ya empezó la primera misa El capellán abre los brazos. y relampaguea la casulla hecha con el traje de una Virreina. Asciende hacia las bóvedas la fragancia del incienso.
Cristóbal entrecierra los ojos. Ora sin despegar los labios. Pero a poco se yergue, porque él, que nada oye, acaba de oír un rumor a sus espaldas. Sí, un rumor, un rumor levísimo, algo que podría compararse con una ondulación ligera producida en el agua de un pozo profundo, inmóvil hace años. El sordomudo está de pie y tiembla. Aguza sus sentidos torpes, desesperadamente, para captar ese balbucir.
Y abajo el sacerdote se doblega sobre el Evangelio, en el esplendor de la seda y de los hilos dorados, y lee el relato de la Epifanía.
Son unas voces, unos cuchicheos,.desatados a sus espaldas. Cristóbal ni oye ni habla desde que la enfermedad le dejó así, aislado, cinco años ha. Le parece que una brisa trémula se le ha entrado por la boca y por el caracol del oído y va despertando viejas imágenes dormidas en su interior.
Se ha aferrado a los balaústres, el plumero en la diestra. A infinita distancia, el oficiante refiere la sorpresa de Herodes ante la llegada de los magos que guiaba 1a estrella divina.
- Et apertis thesaurus suis -canturrea el capellán- obtulerunt ei munera, aurum, thus et myrrham.
Una presión física más fuerte que su resistencia obliga al muchacho a girar sobre los talones y a enfrentarse con el gran tapiz.
Entonces en el paño se alza el Rey mago que besaba los pies del Salvador y se hace a un lado, arrastrando el oleaje del manto de armiño. Le suceden en la adoración los otros Príncipes, el del bello manto rojo que sostiene un paje caudatario, el Rey negro ataviado de azul. Oscilan las picas y las partesanas. Hiere la luz a los yelmos mitológicos entre el armonioso caracolear de los caballos marciales. Poco a poco el séquito se distribuye detrás de la Virgen María, allí donde la mula, el buey y el perro se acurrucan en medio de los arneses y las cestas de mimbre. Y Cristóbal está de hinojos escuchando esas voces delgadas que son como subterránea música.
Delante del Niño a quien los brazos maternos presentan, hay ahora un ancho espacio desnudo. Pero otras figuras avanzan por la izquierda, desde el horizonte donde se arremolina el polvo de 1as caravanas y cuando se aproximan se ve que son hombres del pueblo, sencillos, y que visten a usanza remota. Alguno trae una aguja en la mano; otro, un pequeño telar; éste lanas y sedas multicolores; aquél desenrosca un dibujo en el cual está el mismo paño de Bruselas diseñado prolijamente bajo una red de cuadriculadas divisiones. Caen de rodillas y brindan su trabajo de artesanos al Niño Jesús. Y luego se ubican entre la comitiva de los magos, mezcladas las ropas dispares, confundidas las armas con los instrumentos de las manufacturas flamencas.
Una vez más queda desierto el espacio frente a la Santa Familia.
En el altar, el sacerdote reza el segundo Evangelio.
Y cuando Cristóbal supone que ya nada puede acontecer, que está colmado su estupor, un personaje aparece delante del establo. Es un hombre muy hermoso, muy viril, de barba rubia. Lleva un magnífico traje negro, sobre el cual fulguran el blancor del cuello de encajes y el metal de la espada. Se quita el sombrero de alas majestuosas, hace una reverencia y de hinojos adora a Dios. Cabrillea el terciopelo, evocador de festines, de vasos de cristal, de orfebrerías, de terrazas de mármol rosado. Junto a la mirra y los cofres, Rubens deja un pincel.
Las voces apagadas, indecisas, crecen en coro. Cristóbal se esfuerza por comprenderlas, mientras todo ese mundo milagroso vibra y espejea en tomo del Niño.
Entonces la Madre se vuelve hacia el azorado mozuelo y hace un imperceptible ademán, como invitándolo a sumarse a quienes rinden culto al que nació en Belén.
Cristóbal escala con mil penurias el labrado facistol, pues el Niño está muy alto. Palpa, entre sus dedos, los dedos aristocráticos del gran señor que fue el último en llegar y que le ayuda a izarse para que pose los labios en 1os pies de Jesús. Como no tiene otra ofrenda, vacila y coloca su plumerillo al lado del pincel y de los tesoros.
Y cuando, de un salto peligroso, el sordomudo desciende a su apostadero de barandal, los murmullos cesan, como si el mundo hubiera muerto súbitamente. El tapiz del corsario ha recobrado su primitiva traza. Apenas ondulan sus pliegues acuáticos cuando el aire lo sacude con tenue estremecimiento.
Cristóbal recoge el plumero y los trapos. Se acaricia las yemas y la boca. Quisiera contar lo que ha visto y oído, pero no le obedece la lengua. Ha regresado a su amurallada soledad donde el asombro se levanta como una lámpara deslumbrante que transforma todo, para siempre.

Manuel Mujica Láinez (1910-1984),
Escritor argentino, es autor además de "Misteriosa Buenos Aires", obra en que se presentan cuentos ambientados entre 1536 - desde la primera fundación de Buenos Aires y 1904, convirtiéndose en una historia de la ciudad-, de obras como "Aquí vivieron", cuentos de 1949, "Los ídolos", novela de 1953, "Los viajeros" de 1955, novela sobre la aristocracia criolla, "Bomarzo" de 1962, "El unicornio" de 1965 y "El gran teatro" de 1979.

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Navidad: Dios Con Nosotros

Por: Nelson Calderón Martínez
Editor en Jefe de Información News Agency

Año cero de la Era Cristiana. En Roma, el emperador César Augusto promulga un edicto mediante el cual todos los súbditos del Imperio Romano tenían que ir a empadronarse en la ciudad de su origen.

En Palestina una joven virgen había tenido un diálogo con un Angel enviado por Dios, en el cual le informa que ha sido la escogida para ser la madre del Mesías prometido. Con la humildad propia de María, la joven acepta el plan de Dios en aquél FIAT maravilloso. Y comienza a realizarse la obra de la Redención. Pro- mesa hecha a los hombres, en el Paraíso, a nuestros primeros padres Adán y Eva.

Cristo será el nuevo Adán y María la nueva Eva de la humanidad redimida. Así como Dios quiso que Eva naciera del hombre, así el Hijo de Dios nacerá de una mujer. La Mujer que aplastará la cabeza de la serpiente.
María se encuentra próxima a dar a luz cuando se anuncia el edicto del César. Su esposo, José, es el encargado de preparar la ida y cuidar a la Virgen y al Niño que se agitaba en su vientre. El pesado y largo viaje, a lomos de borrico, desde Nazaret hasta Belén les tomará cuatro días. Y la Sagrada Familia hace la travesía llena de penurias y sacrificios. Abiertos al 'plan de Dios' hacen el trayecto con un gran sentimiento de confianza en el Padre Eterno y la alegría de ser los custodios de Su hijo.

Llegados a Belén se encuentran con una ciudad en medio de confusión por la cantidad de peregrinos, que como ellos, han ido a cumplir las órdenes del César. San José, dada las condiciones de María, cuyo alumbramiento era inminente, empieza a buscar un lugar apropiado para la Virgen y el Niño próximo a nacer. Recorre la ciudad y obtiene siempre la misma respuesta: "no hay lugar para ellos en el mesón". Sin desesperarse y confiados en Dios encuentran una cueva donde guarecerse en las afueras de Belén. Entre los dos hacen un pesebre que será la primera cuna del Niño-Dios.

El Maestro Divino está próximo a nacer. Desde su nacimiento comienza a ense ñarnos a confiar y aceptar la voluntad del Padre Eterno que le ha enviado: a ser pobres y humildes, pués la verdadera grandeza está en el alma y en nuestras buenas obras. En su nacimiento se identifica con los pobres de la tierra, con los perseguidos, con los que sufren discriminación y no tienen ni tendrán, como El no tuvo, un lugar adecuado donde nacer.

San Lucas, en su Evangelio, nos decribe el nacimiento de Jesús con la sen cillez y magnitud características de su espíritu: "Y sucedió que hallándose allí, le llegó la hora del parto. Y dió a luz a su hijo primogénito, y envolviéndole en pañales le rescostó en un pesebre" . Lc. II, 6-7
Los pastores avisados por un ángel del Señor acuden al pesebre de la humilde cueva a adorar al recién nacido. En el Cielo los ángeles entonan el magnífico canto de: "GLORIA IN EXCELSIS DEO".. "Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad". Lc. II, 14

El verdadero espíritu de la Navidad es el de una gran alegría y regocijo porque ha nacido el Salvador. Porque Dios se ha hecho hombre. (ET VERBO CARO FACTUM EST). Se ha hecho partícipe de nuestra naturaleza. Ha compartido con nosotros alegrías, penas y sufrimientos. Se hizo semejante en todo a nosotros, menos en el pecado. Como dijese San Pablo: "El Cordero libre de pecados cargó con todos los pecados de nosotros para ofrecérselos al Padre Eterno como único holocausto y hostia pura de sacrificio agradable a Dios".

El espíritu de Navidad no consiste en un ser imaginario llamado Santa Claus, que vestido de rojo y de barbas blancas, baja por chimeneas dejando juguetes en las casas de los niños, en las cuales sus padres tienen el dinero para comprárselos. Ni tampoco es el envío indiscriminado de tarjetas navideñas a tantas personas, que en la mayoría de las veces se las envíamos más por compromiso que porque de verdad sintamos el deseo de compartir con ellos la alegría del nacimiento del Niño-Dios.

Se ha comercializado tanto la práctica de las tarjetas navideñas, que en la mayoría de ellas ya no se encuentra el tema básico y fundamental de la Navidad que es el Nacimiento.

El espíritu de Navidad es el de compartir la alegría de tener a Dios con nosotros. De reflexionar sobre lo mucho que el Padre Celestial nos ama. Que nos envía a su Hijo para que sea hermano nuestro. Para que nos enseñe y nos dé el mandamiento del amor: "Amaos los unos a los otros como Yo los he amado" Jn. 19,19

El espíritu de Navidad es el de compartir en familia nuestros sentimientos de gozo y unidad bajo un mismo Padre y una misma Madre. Llévemos ese espíritu al mundo que nos rodea a través de nuestras vidas que proclaman que Cristo ha nacido en nosotros.

Hasta la próxima. Dios nos bendiga a todos.

 

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Otra narración

LA HISTORIA DE NAVIDAD
    
Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la suerte de Abias; y su mujer, de las hijas de Aarón, llamada Elisabet. Y eran ambos justos delante de Dios, andando sin reprensión en todos los mandamientos y estatutos del Señor. Y no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran avanzados en días. Y se le apareció el ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso. Y se turbó Zacarías viéndole y cayó temor sobre él. Mas el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te parirá un hijo, y llamarás su nombre Juan. Y tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento. Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en días. Y respondiendo el ángel le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y soy enviado a hablarte, y a darte estas buenas nuevas. Y he aquí estarás mudo y no podrás hablar, hasta el día que esto sea hecho, por cuanto no creíste a mis palabras, las cuales se cumplirán á su tiempo. Y el pueblo estaba esperando a Zacarías, y se maravillaban de que él se detuviese en el templo. Y saliendo, no les podía hablar: y entendieron que había visto visión en el templo: y él les hablaba por señas, y quedó mudo. Y fué, que cumplidos los días de su oficio, se vino a su casa. Y después de aquellos días concibió su mujer Elisabet, y se encubrió por cinco meses, diciendo: Porque el Señor me ha hecho así en los días en que miró para quitar mi afrenta entre los hombres.

 

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La Navidad o nacimiento de Jesús Cristo

Por Martín A. Cagliani

El 25 de diciembre (solsticio de invierno en el hemisferio norte) se festeja la Navidad en toda la cristiandad (excepto en la iglesia ortodoxa). La Navidad, es el nacimiento de Cristo. Veamos porque y desde cuando se festeja el nacimiento de Jesús en el 25 de diciembre.

Actualmente, la Navidad es una fiesta más profana que religiosa. Es tiempo de gran actividad comercial e intercambio de regalos, reuniones y comidas familiares. En Occidente se celebra la Misa del gallo en iglesias y catedrales. En los países de América Latina, de arraigada tradición católica, se celebra especialmente la Nochebuena (24 de diciembre) con una cena familiar para la que se elaboran una diversidad de platos, postres y bebidas tradicionales. También se acostumbra asistir a la Misa del gallo y celebrar con cohetes y fuegos artificiales. En México, la Nochebuena constituye la culminación de una celebración que dura nueve días a la que se llama "las posadas". Éstas empiezan el 16 de diciembre y conmemoran el viaje de María y José en su búsqueda de alojamiento antes del nacimiento de Jesús.

En el siglo II de nuestra era (100 años después del nacimiento de Cristo), los cristianos sólo conmemoraban la Pascua de Resurrección, ya que consideraban irrelevante el momento del nacimiento de Jesús y, además, desconocían absolutamente cuándo pudo haber acontecido.

Durante los siglos siguientes, al comenzar a aflorar el deseo de celebrar el natalicio de Jesús de una forma clara y diferenciada, algunos teólogos, basándose en los textos de los Evangelios, propusieron datarlo en fechas tan dispares como el 6 y 10 de enero, el 25 de marzo, el 15 y 20 de abril, el 20 y 25 de mayo y algunas otras. Pero el papa Fabián (236-250) decidió cortar por lo sano tanta especulación y calificó de sacrílegos a quienes intentaron determinar la fecha del nacimiento del nazareno. La Iglesia armenia fijo el nacimiento de Cristo el 6 de enero, mientras otras iglesias orientales, egipcios, griegos y etíopes propusieron fijar el natalicio en el día 8 de enero.

Finalmente, dado que en el concilio de Nicea (año 325) se declara oficialmente que Jesús es una divinidad, ya que el padre y el hijo son el mismo, se decidió fijar el natalicio de Cristo durante el solsticio de invierno (en el hemisferio norte) o sea, el 25 de diciembre, fecha en que se festejaba el nacimiento de variadas deidades romanas y germanas. Se tomo por fecha inmutable, durante el pontificado de Liberio (352-366), la noche del 24 al 25 de diciembre, día en que los romanos celebraban el Natalis Solis Invicti, el nacimiento del Sol Invicto (un culto muy popular y extendido al que los cristianos no habían podido vencer o prescribir hasta entonces) y, claro está, la misma fecha en que todos los pueblos contemporáneos festejaban la llegada del solsticio de invierno. Las iglesias orientales siguieron y siguen festejando la Navidad el 6 de enero.

Con la instauración de la Navidad también se recuperó en Occidente la celebración de los cumpleaños, aunque las parroquias europeas no comenzaron a registrar las fechas de nacimiento de sus feligreses hasta el siglo XII.

En un principio la Navidad tuvo un carácter humilde y campesino, pero a partir del siglo VIII comenzó a celebrarse con la pompa litúrgica que ha llegado hasta hoy, creando progresivamente la iluminación y decoración de los templos, los cantos, lecturas y escenas piadosas que dieron lugar a representaciones al aire libre del nacimiento en portal de Belén, el famoso Pesebre.

Aunque la tradición nos ha llevado a creer que Jesús nació en el primer año de nuestra era, lo cierto es que no fue así, ni mucho menos, si nos atenemos a los únicos datos conocidos sobre el particular, eso es a las informaciones vagas y contradictorias reseñadas por sus biógrafos, Mateo y Lucas, que, además, situaron el domicilio habitual de José y María en dos lugares diferentes y muy distantes entre S: Belén (Judea) y Nazaret (Galilea). El mismo Lucas relata en su texto el nacimiento de Jesús en dos fechas distintas, una en el año 6-7 d. C. y otra en el 4 a. C. De esta forma un mismo evangelista, en las cuatro primeras paginas de su texto, dató el nacimiento de Cristo en dos fechas separadas entre S por un mínimo de 10 años. Mateo fijó el nacimiento de Jesús "en los días del rey Herodes" (Mt 2, 1) y, por tanto, antes del año 4 a. C., durante el cual murió el monarca judío.

Los principales expertos actuales fechan el nacimiento de Cristo entre el año 9 y 5 a. C., habiendo un gran consenso alrededor del año 7 o 6 a. C., lo sitúan en el contexto de la población judía de Palestina, y piensan que Jesús residió en Nazaret (Galilea), hasta la edad de cuarenta años, poco más o menos, trabajando en el oficio familiar de carpintero albañil hasta que lo dejo para ir al encuentro de Juan el Bautista, tras lo cual inició el corto período (alrededor de 2 años) de vida pública que relatan los Evangelios.

Si bien el lugar exacto del nacimiento de Jesús no se sabe, ya que los evangelista callan al respecto, una tradición cristiana tardía dio por cierta la suposición de que el nacimiento tubo lugar en alguna de las muchas cuevas calizas que existen en las cercanías de Belén. Habiendo sobrevenido el nacimiento de Jesús, según la tradición católica, mientras sus padres estaban refugiados en una cueva que contenía un pesebre por todo mobiliario, y estando aparentemente faltos de medios materiales y de calefacción (era invierno en esa zona), aparecen en escena los dos personajes infaltables en los pesebres, el buey y el asno, que con su aliento calentaron devotamente al niño recién nacido. Esto es aceptado por la Iglesia, a pesar de que no figura en ninguno de los Evangelios, sino que figura en el evangelio apócrifo (no oficial) denominado Pseudo Mateo, del cuál proviene el relato en el que esta basado el pesebre que adorna todos nuestros arboles de Navidad.

La concepción de Jesucristo, nueve meses antes, según lo cuenta Mateo (Mt 1. 18-25) fue así: María y José estaban desposados, pero todavía no convivían. María, que era virgen, se halló concebida del Espíritu Santo. José siendo un hombre justo no quiso denunciarla como adultera, sino que resolvió repudiarla en secreto. Y, según cuenta Mateo, mientras reflexionaba sobre esto, se le apareció en sueños un ángel y le dijo que no temiera recibir en su casa a María, su esposa, ya que lo concebido en ella era obra del Espíritu Santo. También le dijo, que daría a luz un hijo al que deberían ponerle de nombre Jesús, porque salvaría a todo su pueblo de sus pecados. Y José hizo todo lo que el ángel le mando.

José, el carpintero, fue uno de los hombres más injustamente tratados por la historia cristiana. En las primitivas representaciones de la familia de Jesús, aparecía como un hombre joven, fuerte y sin barba, pero como consecuencia del inicio del culto a María, la figura del carpintero fue postergada y relegada al papel de encargado de aprovisionar de alimento a la familia. Junto a este proceso también se le hizo envejecer hasta la senectud, de forma que, siendo ya nulo su vigor no fuese obstáculo ni sombra de sospecha que impidiese proclamar la virginidad perpetua de María.

Las diferencias que aparecen entre los relatos del nacimiento hechos por Mateo y Lucas (Marcos y Juan ni siquiera se ocupan de ello) pueden deberse a que ambos no se conocieron jamas y escribieron sus evangelios en tierras muy diferentes (Egipto y Roma respectivamente), por lo que adornaron su narración sobre Jesús inspirándose en leyendas ya existentes pero que gozaban de diferente prestigio en un lugar u otro; por eso Mateo tiño de orientalismo el nacimiento de Jesús mientras que Lucas se adaptó a tradiciones míticas que eran más creíbles a la capital del imperio Romano. Las diferencias más notables son las omisiones en el relato de Lucas de la estrella de Belén, los reyes magos, etc., mientras que esto aparece en Mateo. Por su lado Mateo omite el canto que los ángeles hacen a los pastores para que fueran a adorar a Cristo.

La estrella de Belén

El único, como ya se dijo, que menciona la estrella de Navidad o de Belén, es Mateo. Dice que la estrella precedía a los reyes magos hasta que se paro encima del lugar donde estaba el niño Jesús. Ya en la antigüedad se defendía a la estrella como verdadera. El teólogo Orígenes (c. 185-253) decía que estaba próxima a la naturaleza de los cometas. Muchas hipótesis aparecieron para explicar el "milagro de la estrella de Belén", tratándolo como un fenómeno astronómico real. Unas hipótesis apuntan al brillante planeta Venus, pero este planeta ya era conocido en aquellos tiempos, difícilmente pudo ser tomado como algo extraordinario. Otros señalan el paso de un cometa, concretamente del Halley, pero éste ya había transitado por nuestro sistema solar el año 11 a.C., bastante antes del nacimiento de Cristo. Los hay también que atribuyen la "estrella" a una supernova (explosión de un sol cuya brillante luz puede verse durante meses, incluso de día), pero no hay registros históricos de esa época al respecto pese a que si lo hay de novas observadas en el 135 a. C. y el 173 d. C. La opinión más razonable y aceptada la propuso el astrónomo Johanes Kepler en 1606.

Para Kepler, la estrella de los magos no fue otra cosa que la rara triple conjunción de la Tierra con los planetas Júpiter y Saturno, estando el Sol pasando por Piscis. En esta conjunción los planetas se ven como uno solo, los que los hace una luz muy brillante. Los cálculos de Kepler determinaron que la conjunción se dio en el año 7 a. C., lo que resulta compatible con las fechas asignadas al nacimiento de Jesús esbozadas mas arriba. Un evento como este se dio en 1940-41 y no se volverá a dar hasta el 2198. Kepler conocía los comentarios que sobre el profeta Daniel había escrito en 1497 Arbabanel, un sabio judío. Según Arbabanel la conjunción de Saturno y Júpiter en la constelación de Pisis había tenido lugar cuando el nacimiento de Moisés, y tendría lugar otra vez cuando naciera el Mesías. Arbabanel creía que la liberación traída por el Mesías se efectuaría de acuerdo con el versículo (24, 17 Números) de la Biblia que dice "Y de Jacob se levantará una estrella y de Israel surgirá un cetro."

Tal vez el redactor del evangelio según Mateo no hizo más que aprovechar, con intención mítica, el suceso cósmico. La explicación mas simple consiste naturalmente en creer que Dios creo una estrella que guiase a los Reyes Magos y una vez cumplida su misión desapareciera tan rápida y misteriosamente como había sido creada. Pero Dios usa muchas veces para sus milagros las causas naturales, y el milagro consiste en que estas se realicen en el momento y lugar justos.

Los "Reyes" Magos

En el Evangelio de Mateo se cuenta que "Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.»

En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel.» Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle.» Ellos, después de oir al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino." (Mt 2, 1-12).

Al leer esto solo se sabe que los magos eran varios, no sabemos él numero, y que adoraron al niño Jesús ofreciéndole presentes y luego de un sueño se volvieron a su patria. ¿Cómo entonces pasaron de magos a reyes?, ¿magos de que?, ¿reyes de donde y por que?. En el texto de Mateo no se responde a nada de ello, tampoco en el resto del Nuevo Testamento.

En un principio su numero era indeterminado. Las representaciones artísticas son las que le fueron dando su actual numero y apariencia. En el siglo III se los representaba como dos, en las catacumbas romanas hasta el siglo IV aparecían dos o cuatro magos, según los casos; la media docena tampoco faltó en algunas pinturas. En la iglesia siria y armenia se defendió la docena de magos puesto que, según ellas, los magos prefiguraban los doce apóstoles y representaban a cada una de las tribus de Israel. Para la iglesia copta (de Egipto) eran sesenta y citaban los nombres de mas de una docena de ellos. Finalmente en el primer cuarto del siglo III, el citado Orígenes afirmo que los magos habían sido solo tres, después de todo Mateo solo sita tres presentes. En el siglo IV, de modo progresivo, comenzó a prevalecer el número de tres.

Durante los dos primeros siglos solo fueron magos, el "reyes magos" vendría después. Como la practica de la magia estaba prohibida por los textos bíblicos y el concepto de magos adquirió rápidamente un significado peyorativo, no se considero edificante que sujetos de tan dudosa reputación deambulasen por el portal de Belén. Ya en el siglo III, esta imagen fue abolida por el teólogo Quinto Tertuliano (c. 160-220), que fue el primero en denominarlos reyes, él dijo "se ha sostenido que los Magos eran reyes de Oriente". Nadie había sostenido tal cosa antes de él, pero eso era un detalle sin importancia para un cristiano consiente de su deber.

Sus nombres no aparecieron sino hasta el siglo VI. Aparecen en un mosaico bizantino del 520 aproximadamente localizado en Ravena, Italia. En el figura una leyenda sobre los tres magos que dice "+SCS BALTHASSAR +SCS MELCHIOR + SCS GASPAR", eso es, sagradísimos o veneradísimos Baltasar, Melchor y Gaspar. El primero es Baltasar, de 30-40 años, con barba oscura, lleva en sus manos un recipiente para mirra; Melchor, como de 20-25 años y sin barba, transporta una bandeja para incienso; y Gaspar de mas de 50 años, con pelo y barba largos y blancos, presenta una canasta con oro. Todos son blancos, ninguno se ha convertido en negro.

Otra descripción de los Reyes Magos da el erudito teólogo anglosajón Beda el Venerable (675-735) dice así: "El primero de los magos fue Melchor, un anciano de larga cabellera blanca y luenga barba (...) fue él quien ofreció el oro, símbolo de la realeza divina. El segundo, llamado Gaspar, joven, imberbe, de tez blanca y rosada, honro a Jesús ofreciéndole el incienso, símbolo de la divinidad. El tercero llamado Baltasar, de tez morena" (no negro)", testimonio ofreciéndole mirra, que significaba que el Hijo del hombre debía morir."

Los tres nombres que se les asigno son tan arbitrarios y ficticios como los que se les dio en otra parte del orbe cristiano: Apellicon, Amerim y Serakin entre los griegos; Kagpha, Badalilma y Badadakharida en Siria; Ator, Sater y Paratoras en Etiopía, etc..

Sus supuestas edades no fueron menos irreales y cambiaban substancialmente en función de los gustos particulares de cada artista que los representaba. Finalmente, en el siglo XV, Petrus de Natalibus fijó que Melchor tenia sesenta años, Gaspar cuarenta y Baltasar veinte.

Baltasar no fue negro hasta el siglo XVI. En este siglo las nuevas necesidades ecuménicas de la Iglesia católica llevaron a implantar un simbolismo inédito, identificando a los tres magos con los tres hijos de Noé (Sem, Cam y Jafet) que, según el Antiguo Testamento, representaban las tres partes del mundo y las tres razas humanas que lo poblaban, según se creía en esos días.

De este modo, Melchor, el anciano de cabello y barba canos, pasó a simbolizar a los herederos de Jafet, eso es a los europeos, y ofreció al Niño divino el noble oro; Gaspar, rubio y lampiño, representaría a los semitas de Asia y su don era el preciado incienso; Baltasar, negro y barbado, personificaría a los hijos de Cam, los africanos, participando de la adoración universal con su entrega de mirra. Los americanos o los chinos y japoneses, hubo que ignorarlos porque no se podían inventar nuevos reyes y menos inventarles nuevos hijos a Noé. El único intento fue el de una pintura portuguesa en la cual se remplazaba al rey negro Baltasar por un jefe indio amazónico.

El festejo de los reyes magos no se conmemoro sino hasta el siglo V en Occidente. Se eligió el día 6 de enero para conmemorar la Epifanía, la manifestación de Jesús al mundo a través de los reyes magos, su bautizo en el Jordán y el milagro de las bodas de Canaan.

La tradición de los Reyes Magos como generosos proveedores de juguetes y regalos a los niños es relativamente reciente y solo fue adoptada por algunos países latinos. Los reyes no comenzaron a traer juguetes a los niños hasta mediados del siglo XIX, con anterioridad sus regalos se limitaban a cosas relacionadas con la vida cotidiana. Gaspar era el encargado de repartir golosinas, miel y frutos fresco; Melchor tendía mas a lo practico y su fuerte eran la ropa o zapatos; Baltasar jugaba el peor papel al tener que ocuparse de castigar a los niños traviesos dejándoles carbón o leña por todo regalo, símbolo del pensamiento racista.

Para poder llevar a cabo su labor con justicia los reyes magos disponían de la ayuda de unos duendes que espiaban a los niños y les contaban a sus jefes hasta los más mínimos detalles de su comportamiento. La costumbre exige a los niños a poner los zapatos limpios la noche de Reyes para recibir junto a ellos, durante la madrigada, los regalos de los magos. Y también tienen que dejarle paja o pasto y agua para los camellos.

San Nicolás - Papá Noél - Santa Claus

      Papá Noél, que había sido obispo de Asia Menor en el siglo IV, santo en buena parte de Europa desde la Edad Media, y gnomo en Nueva York de mediado del siglo XIX, se vio forzado a viajar por medio mundo antes de poder encontrarse a S mismo en la maravillosa imaginación de otros.

      El proceso de metamorfosis que llevo al obispo Nicolás de Asia Menor al gordinflón barbudo vestido de rojo y blanco que le trae regalos a los niños, es tan o más fantástico y apasionante que su propia leyenda.
     
     San Nicolás vestido de obispo.
     San Nicolás nació alrededor del año 280 en Patara, una ciudad del antiguo distrito de Licia, en Asia Menor, en el sudoeste de la actual Turquía. Era hijo de una familia adinerada y gozó de una buena educación.


      A la muerte de sus padres regaló todos sus bienes y se encamino hacia la vida religiosa, ingresando en el monasterio de Sión. Fue ordenado sacerdote a los 19 años por su tío, el arzobispo de Myra, al que muy pronto sustituyo en el cargo tras su deceso. Gran defensor de los dogmas católicos, falleció siendo arzobispo de Myra cerca del año 350. Fue llamado obispo de los niños, por su amor a los pequeños, y se hizo muy popular por su gran generosidad y amabilidad para con los mas necesitados y los niños, a quienes hizo beneficiarios de su fortuna personal. Su fama se extendió mas allá de las fronteras de su región y comenzó a ser protagonista de gran cantidad de leyendas, atribuyéndosele desde salidas nocturnas para repartir regalos entre quienes lo necesitaban, hasta milagros como el de calmar una tempestad y resucitar a un marinero egipcio.

      De entre todos los relatos legendarios acerca de san Nicolás destacan dos historias: una, conocida como la de las tres hermanas, es la base sobre la que se construyó el mito que le convertirá en generoso repartidor de regalos; la otra llamada de los tres hermanos, le hizo acreedor al titulo de patrón protector de los niños.
    

La primera leyenda cuenta lo siguiente: En la ciudad de san Nicolás, Patara, había tres niñas que no se podían casar, ya que su padre estaba arruinado y no tenia dinero para sus dotes, razón por la cual el hombre había decidido venderlas a medida que alcanzaran la edad de ser desposadas. San Nicolás se entero de esto y corrió a darle una bolsa llena de monedas de oro en secreto a la mayor, para su dote. Otro tanto sucedió con la segunda y la tercera a medida que llegaron a la edad matrimonial. Según la leyenda san Nicolás, para mantener el secreto, tiraba la bolsa con el oro a través de una ventana y la envocaba en uno de los calcetines que la niña en cuestión colgaba para que se secase en la chimenea. A la tercera de las niñas le reconocieron, con lo que se hizo famoso por ello.

En la segunda leyenda, la de los tres hermanos, san Nicolás, que iba de viaje, se detuvo en una posada a pernoctar y, mientras descansaba, soñó que se cometía un terrible crimen en esa hostería: tres hermanos muy jóvenes y ricos que estaba alojados ahí también, habían sido asesinados por el dueño con el fin de robarles sus pertenencias. Al despertar, san Nicolás, encaró al posadero y lo obligo a confesar su crimen, que no era el primero, había hecho lo mismo con otros clientes a los que había troceado y puesto en salmuera, para, finalmente, servirlos a sus clientes como salazón de cerdo. Los tres niños que todavía no habían sido troceados son resucitados por el santo.

Estas dos leyendas y muchas mas le dieron fama en Europa. Los vikingos lo adoptaron como santo patrono, y de ellos paso a Rusia donde se convirtió en santo nacional a principios del siglo X. Pero su fama se extendió cuando sus huesos fueron robados de Myra por unos marineros que lo llevaron a la ciudad italiana de Bari, y puesto en la Iglesia de san Esteban. Apenas llegado ya empezó a obrar milagros y su fama corrió como el viento por toda Europa.

Desde mediados del siglo XIII san Nicolás repartía los regalos y juguetes durante la noche del 5 al 6 de diciembre, pero tras la Contra Reforma católica (1545-1563), surgió otro personaje, Christkind, el niño Jesús, que repartía regalos en el día de Navidad. El avance de la tradición de los regalos del niño Jesús forzó a que san Nicolás pasara a entregar sus regalos el día 25.

La adorable misión de repartir regalos a los niños en Navidad fue adoptada por toda Europa, y el personaje encargado de hacerlo fue desarrollándose a partir de la figura básica del san Nicolás medieval mezclada con diferentes leyendas locales (como los gnomos, el padre invierno nórdico, la bruja buena italiana, y otros mas).

Así nacieron, por ejemplo, los legendarios Kolya (Rusia), Niklas (Austria y Suiza), Pezel-Nichol (Baviera), Semiklaus (Tirol), Svaty Mikulas (ex Checoslovaquia), Sinter Klaas (Holanda), Father Christmas o padre Navidad (Gran Bretaña), Santa Claus (EE.UU.), Père Noël o padre Navidad (Francia)... y otras muchas variantes del mismo mito básico.

Pero al gordinflón de barba blanca y vestido con un traje rojo ribeteado de blanco, que conduce por el aire un trineo de ocho renos transportando un saco lleno de juguetes, se lo debemos a las tradiciones holandesas y a los escritores y dibujantes de Nueva York, EE.UU..

Esta tradición familiar de san Nicolás traspasó el Atlántico, en el siglo XVII, junto a los colonos holandeses que fueron a instalarse en la prometedora costa este de Norteamérica. Los holandeses fundaron Nueva Amsterdam en la isla de Manhattan, que luego seria Nueva York. En este traspaso, Pedro en Negro se quedo en el continente, ya que desaparece de los festejos posteriores.

Washington Irving amante del folclore europeo, escribió su Historia de Nueva York en 1809, en la que describe la supuesta llegada del santo cada víspera de San Nicolás. Lo describe ya sin ropas de obispo y dejo de montar un caballo blanco para llegar en un corcel volador. Fue tan popular a raíz de este relato que todos, incluso los colonos ingleses, festejaron la celebración holandesa. El nombre fue derivando de san Nicolás, Sinterklaas o Sinter Klaas hasta acabar siendo pronunciado como Santa Claus por los angloparlantes. Había nacido un nuevo personaje, al que todavía le faltaba para convertirse en el actual gordo bonachón.

Pero finalmente fu la Coca-Cola la que le dio su actual aspecto en 1931. Para la campaña publicitaria de la Navidad de este año, la Coca-Cola le encargo a Habdon Sundblom que remodelara el Santa Claus de Nast. Él creo un Santa Claus más alto, todavía más gordinflón, aunque más simpático, con un rostro bonachón, de ojos pícaros, chispeantes y amigables, con pelo cano y luenga barba y bigote, también blancos, sedosos y agradables. La vestimenta mantuvo los colores rojo y blanco, que son los de la compañia, pero su traje se hizo más lujoso y atractivo.

A la imaginación de todas esas personas se debe nuestro actual repartidor de regalos. En realidad no hizo mas que readaptarse a las antiguas costumbres de san Nicolás u otros repartidores de regalos, que se barajaban en los diferentes países del mundo. Actualmente se lo hace oriundo de Hveragerdi, según los islandeses, los noruegos dicen que vive en la ciudad de Drammen, mientras que los finlandeses (la mas aceptada) juran que e nació y vive en Rovaniemi, todas estas son localidades turística. Según los finlandeses hace siglos, un primitivo Santa Claus (que ellos llaman Julemand) vestido con pieles de reno, dejaba los regalos tallados en hueso o madera en la puerta de cada casa donde viviera un niño. Pero ahora ese gigante generoso vive, desde hace 400 años, en un monte cercano a la ciudad de Rovaniemi.

Todos sabemos que vive en el Polo Norte con muchos duendes que lo ayudan a fabricar todos los regalos que le piden los niños del mundo, y que reparte los regalos en un trineo volador tirado por los siete renos a los que llama Bailarín, Saltador, Zalamero, Bromista, Alegre y Veloz, todos ellos liderados por Reno el de la nariz roja, que fue él ultimo en integrarse al grupo. Otros dicen que son ocho y se llaman Doner y Cupid, que están cerca de Papá Noel, Blitzer y Comet, Vixen y Prancer, y por ultimo Dasher y Dancer.

Eso que se comenta que los regalos son dejados por los padres, es una terrible mentira que quise echar por tierra con esta biografía seria y concisa de Papá Noél o como a ustedes les guste llamarlo.

La Navidad Latina

En todo el mundo latino no hay una tradición más universal que la celebración anual de las festividades de Navidad. Su sola mención trae emociones, excitación y alegría en los niños, días de fiesta y buenos ratos en los jóvenes, así como gratas añoranzas y la esperanza del re-encuentro con familiares desplazados o amigos de siempre en los mayores.

Aquí, podrás descubrir las costumbres particulares de nuestros países, desde pesebres y posadas hasta juegos y villancicos, pasando por deliciosos platillos y bebidas, cuyas recetas encontrarás al final de cada país y que podrían introducir un elemento de variedad y hermandad latina en tu propia Navidad.

Un abrazo a todos y unas Felices Fiestas, esperando que la alegría de la temporada se extienda por todo el año y nos permita acercarnos a los latinos cada vez más como un gran pueblo de mil rostros y facetas, pero un sólo corazón hermano.

Una de las cosas más sabrosas de la Navidad son las comidas celebradas en ambiente festivo junto a familiares y amigos, desfilando por la mesa deliciosos platos preparados con esmero muchas veces sólo en esta época del año.


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Historia de la Navidad

El Pesebre - Los villancicos - La Misa de gallo
San Nicolás - El árbol de Navidad - Los reyes magos

      La historia de la Navidad

      Los antecedentes sobre la celebración de la Navidad son de carácter religioso y están sujetos a las manifestaciones culturales de los pueblos paganos y cristianos. La ceremonia de Navidad más antigua se remonta al período entre los años 320 y 353, cuando se conmemoraba el nacimiento de Cristo. Los romanos, por ejemplo, celebraban fiestas y ritos a sus diferentes dioses, los días del 17 al 23 de diciembre. Rituales que involucraban los más ricos platos y bebidas. El día 25 era la fiesta pagana del Sol.

      El 19 de diciembre era el día más importante, ya que se celebraba una gran fiesta en honor a Saturno, dios de la agricultura. Con una duración de siete días, de banquetes y bebidas, los romanos le pedían bienestar a su dios. Al mismo tiempo, se celebraba en el norte de Europa una fiesta de invierno similar, conocida como Yule, en la que se quemaban grandes troncos adornados con ramas y cintas en honor a los dioses para conseguir que el sol brillara con más fuerza.

      Por otro lado, La Biblia se refiere al Mesías como "Sol de Justicia". Por ello, desde fines del siglo IV, en el mundo cristiano se celebraba la Navidad el 25 de diciembre a excepción de las iglesias orientales, griegas y rusas que la realizaban el 6 de enero con la fiesta Teofanía o manifestación de Jesús como Dios.

      Como los evangelios no mencionan fechas, no es seguro que Jesús naciera ese día. De hecho, el día de Navidad no fue oficialmente reconocido hasta el año 345, cuando por influencia de San Juan Crisóstomo y San Gregorio Nacianzeno se proclamó el 25 de diciembre como fecha de la Natividad.

      Una vez proclamada oficialmente esta fecha, la Iglesia católica añadió posteriormente en la Edad Media los villancicos a sus costumbres. En esta época, los banquetes eran el punto culminante de las celebraciones. Por años, las celebraciones debieron ser interrumpidas, cuando en 1552, los puritanos británicos prohibieron la fiesta de la Navidad. Aunque la Navidad volvió a Inglaterra en 1660, bajo el reinado de Carlos II, los rituales desaparecieron hasta la época victoriana, cuando el príncipe Alberto instituyó de nuevo la práctica.

      La Navidad actual, como se vive cada año, es una creación del siglo XIX. El árbol de Navidad, originario de zonas germanas, se extendió por otras áreas de Europa y América. Los villancicos, que eran cantos típicos del pueblo, fueron recuperados, al tiempo que se componían otros.

      Las tarjetas de Navidad empezaron a utilizarse a partir de 1846, año en que se imprimió la primera de ellas en Londres.
    

      El Pesebre

      Al parecer fue Francisco de Asís, fundador de la orden franciscana, el iniciador de la representación del nacimiento entre los años 1200 y 1226.

      Siendo apóstol, Francisco de Asís recorría los campos de la población de Rieti en busca de señales de Dios. En la Navidad de 1223, estando en la ermita de Greccio, una fuerza divina lo impulsó a reproducir en vivo el misterio del nacimiento de Jesús. Construyó entonces, una casa pequeña de paja, similar a un portal, puso un pesebre en su interior, trajo un buey y un asno e invitó a un grupo de personas a reproducir la escena de la adoración de los pastores.

      La idea de reproducir el nacimiento se popularizó rápidamente en todo el mundo cristiano. De los seres vivos se pasó a la utilización de figuras de barro.

      Otra versión dice que el primer nacimiento se construyó en Nápoles, Italia, a finales del siglo XV y que estuvo hecho de figuras de barro. Carlos III ordenó que los belenes, llamados así en italiano, se popularizaran en todo el reino itálico y español. En América, los frailes introdujeron las costumbres navideñas cristianas utilizándolas para la evangelización de los indios nativos. Las iglesias contaban con sus belenes en sus templos.

      Las figuras de un belén podían ser de distintos tamaños, incluso de tamaño natural, y recreaban las distintas escenas que se recorren en el nacimiento del Niño Jesús, desde la búsqueda de la posada, el nacimiento, la anunciación del ángel a los pastores, la adoración y las ofrendas al Niño por parte de los Reyes Magos. El misterio de la Natividad representado en el pesebre se convirtió en una tradición indispensable en las culturas católicas, apostólicas y romanas. Hoy en día, los tamaños y elementos del pesebre varían de acuerdo al espacio y al acabado. En Latinoamérica se acostumbra todavía hacer los pesebres en vivo.

      Los Villancicos - Cantos 'vulgares' a Dios

      Se cree que los cantos navideños nacieron en Inglaterra, de manos de Enrique I, cuando los cantos eran en latín y amenizaban las fiestas de la Corte. "El Canto del Jabalí", llamado canto del villano, fue su predecesor, antes de que en los siglos XV y XVI se popularizaran por toda Europa.

      Las representaciones medievales de los misterios cristianos, se convirtieron en cantos comunes y divulgados por juglares y mensajeros. En el siglo XVII, aquellos cantos tomaron un carácter religioso. Numerosos sacerdotes componían piezas y melodías para llevar a sus templos las alabanzas a Dios.

      Los villancicos son coros o estribillos, que se repiten unos a otros, por medio de las melodías. Los ingleses los llamaron Christmas Carols y los franceses Noels.

      
      La Misa de gallo - Rezos y plegarias de media noche

      La Misa de Gallo se celebra la noche del 24 de Diciembre a las 12 de la noche. Su celebración conmemora el nacimiento del Niño Dios y tanto las lecturas como los cantos giran alrededor de la natividad. Después de la cena de Navidad, las familias católicas se dirigen a la iglesia para asistir a la ceremonia.

      La iglesia tomó esta costumbre de los ritos de los templos de Jerusalén que celebraban tres misas el día del nacimiento de Jesús. La primera en la noche en la cueva de la natividad, santificando así la hora del nacimiento del Señor. La segunda al amanecer como signo de la resurrección y recordando el natalicio del Dios-hombre; y la tercera en el templo, siendo ésta el oficio solemne del día.

      Los romanos también celebraban tres misas: una en la noche en Santa María la Mayor recordando la hora del nacimiento. Otra al amanecer recordando el misterio de la resurrección y la tercera el oficio solemne del día, en San Pedro.

      San Nicolás - El mito de 'Santa Claus'

      La imagen corriente de Santa Claus, con el trineo, los renos y las bolsas con juguetes, es una invención estadounidense de este siglo.

      Aunque la leyenda de Papá Noel proceda en parte de San Nicolás, un religioso del medioevo, es quizás uno de los mayores misterios que se encierra alrededor de la celebración decembrina.

      Nicolás fue un santo nacido en el puerto de Patara, en Asia Menor, hace muchos siglos. Llegó a ser obispo de Myra y como tal desarrolló una importante labor social repartiendo regalos entre los niños desprotegidos y las mujeres desamparadas. Sus obras le otorgaron el título de Santo.

      La historia de San Nicolás reapareció muchos años después de su muerte en Holanda, donde la víspera de su día (6 de diciembre), se escuchaban pasos y sombras de un hombre que recorría la ciudad repartiendo regalos a niños vagabundos. Sus visitas anuales se realizaban en la Nochebuena, por lo cual recibió el nombre de SintirKlass.

      Sus primeras visitas a América fueron en el día de San Nicolás, para traer regalos a los niños de las colonias holandesas. Sin embargo, dado que la cultura norteamericana tiene una fuerte presencia inglesa, este fue llamado Saint Claus, nombre con el que se conoce en Estados Unidos y América Latina.

      De acuerdo a las regiones y países, este personaje cambia de nombre. En Francia se hace llamar Père Nöel; en Alemania es Kriss Kringle (Niño Cristo) y está personificado por un hada masculina; y en Rusia es el Abuelo Invierno. En cambio en Italia, existe un mito muy curioso entorno a Santa Claus. Según la leyenda la bruja Befana, barría su casa cuando pasaron los Reyes Magos hacia el pesebre de Belén y la invitaron a ir con ellos. Al no acompañarlos, la Bruja sale cada año a repartir regalos en busca del Niño Dios, como acto de arrepentimiento.

      El árbol de Navidad - un abeto milenario

      Aunque no se habla de una relación directa entre la religión católica y el uso del árbol de Navidad en el mes de diciembre, el arreglo es una práctica tan común como el pesebre, la Misa de Gallo, Santa Claus y el día de Reyes Magos.

      No existe un registro detallado que certifique sobre el primer uso del árbol de Navidad, para festejar el nacimiento de Jesús. Pero se menciona que en el año 200 d.C. ya se presentaba el uso de árboles en la celebración de la Navidad.

      Aunque no dejan de ser conjeturas, para el siglo VI, el papa Gregorio I recomendaba tolerancia a los miembros de la jerarquía eclesiástica hacia las manifestaciones populares que por su festejo y creencia bien podían tener una interpretación pagana.

      La leyenda del abeto es tan vieja como el cultivo del mismo árbol. Fue en el siglo VIII, en la antigua Germania, cuando un monje inglés, llamado Winfrid, taló en una nochebuena, un roble que era utilizado en las festividades paganas para ofrecer vidas en sacrificio. En ese mismo lugar brotó milagrosamente un abeto y por eso su especie se tomó como emblema del cristianismo.

      Para los bretones (grupo celta de Bretaña), el árbol de Navidad fue descubierto por Persifal, caballero de la mesa redonda del rey Arturo, mientras buscaba el Santo Grial o cáliz de la Última Cena de Jesús. La leyenda cuenta que el caballero vio un árbol lleno de luces brillantes, que se movían como estrellas. El escritor alemán Goethe, en su libro Werther, también hizo alusión a un frondoso arbusto lleno de caramelos y figuras religiosas.

      El antecedente más cercano a nuestra tradición parece remontarse a la Alemania de los primeros años del siglo XVII. En 1605, un árbol fue decorado para ambientar el frío de la Navidad, costumbre que se difundió rápidamente por todo el mundo. El árbol de Navidad llegó a Finlandia en el año de 1800; en Inglaterra en 1829, y fue el príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria, quien ordenó adornar el castillo de Windsor con un árbol navideño en 1841.

      La tradición del abeto decorado, salió de Inglaterra directo a Estados Unidos, en tiempos de la colonización. Se le atribuye a August Imgard, un hombre de Ohio, quien instaló el primer árbol navideño, en 1847. De ahí en adelante, la cultura norteamericana ha sido abanderada en materia de decoración navideña. Árboles cuyas dimensiones, abarcan la atención en parques, centros comerciales, tiendas, calles y hogares. Sintético, natural, seco, fresco, blanco o verde; lo que importa es que se sigue adornado cada año.
    
     Los Reyes magos

      El 6 de enero se celebra la llegada de los Reyes magos al establo donde nació Jesucristo. Fue desde la Edad Media, y principalmente en Francia, que se empezó a conmemorar la adoración de los Magos, cristianizando la costumbre pagana de elegir un "rey de las fiestas" en estas fechas. Inspirado en el Eclesiastés, la gente se reunían en la noche familiar alrededor de una rosca de pan dulce, en la que habían escondido un haba, como símbolo de la huida de la persecución del rey Herodes.

      Hoy en día, el roscón lleva en su interior una figurita como sustituto a la haba. La costumbre del pastel de Reyes se conoció en España a través de los soldados repatriados de Flandes y se hizo más popular bajo el reinado de Felipe V. Se adorna por encima con azúcar y tiras de fruta dulce y cristalizada. Algunos roscones pueden ir rellenos de crema chantilly, chocolate o cristales de caramelo. Se parte el roscón en pedazos iguales y a la persona favorecida con la figurita se le considera como el rey de la fiesta.
    
La historia de Navidad
·         Lucas

·         Mateo

Lucas 2: 1-14
En esos días, el emperador dictó una ley que ordenaba hacer un censo en todo el imperio. Este primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de la Siria. Todos iban a inscribirse a sus respectivas ciudades. También José, como era descendiente de David, salió de la ciudad de Nazaret de Galilea y subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada.

Cuando estaban en Belén, le llegó el día en que debía tener su hijo. Y dio a luz su primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. El ángel del Señor se les apareció y los rodeó de claridad la Gloria del Señor y fueron presa del temor.

Pero el ángel les dijo: "No teman, porque yo vengo a comunicarles una buena nueva que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy ha nacido para ustedes en la ciudad de David un Salvador que es Cristo el Señor.

En esto lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre."

De pronto una multitud de seres celestiales aparecieron en torno al ángel y cantaban a Dios: "Gloria a Dios en lo más alto del cielo, y en la tierra, gracia y paz a los hombres."

 


Mateo 2:1-12
Habiendo nacido Jesús en Belén de Judá, durante el reinado de Herodes, vinieron unos Magos de Oriente a Jerusalén y preguntaron: "¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarlo."

Herodes y todo Jerusalén quedaron muy intranquilos por la noticia.

Reunió a todos los sacerdotes principales y a los maestros de la Ley para preguntarles dónde debía nacer el Cristo.

Ellos le contestaron que en Belén de Judá ya que así lo anunció el profeta que escribió:

Belén en la tierra de Judá, tú no eres el más pequeño entre los principales pueblos de Judá porque de ti saldrá un jefe, el pastor de mi pueblo, Israel.

Herodes, entonces llamó privadamente a los magos para saber la fecha exacta en que se les había aparecido la estrella.

Encaminándolos a Belén les dijo: "vayan y averigüen bien lo que se refiere a este niño. Cuando lo hayan encontrado avísenme para ir yo también a adorarlo."

Después de esta entrevista, los magos prosiguieron su camino. La estrella que habían visto en Oriente iba delante de ellos, hasta que se paró sobre el lugar en que estaba el niño.

Al ver la estrella se alegraron mucho, y habiendo entrado en la casa, hallaron al niño que estaba con María, su madre.

Se postraron para adorarlo y abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Luego regresaron a su país por otro camino, porque se les avisó en sueños que no volvieran donde Herodes.

Cada 24 de diciembre los cristianos celebran la Nochebuena y el 25, la Navidad. Esa es la fecha elegida para conmemorar el nacimiento del hijo de Dios, en Belén. Pero esto no siempre fue así. Aquí te contamos cuáles son los orígenes de esta fiesta que se celebra en el mundo entero.

Una fiesta cristiana en Oriente
Una de las explicaciones paganas más conocidas cuenta que originalmente el sentido de la Navidad no era festejar el nacimiento de Cristo, sino la promesa del retorno del Sol, evento que los europeos celebraban ya desde antes que el cristianismo se convirtiera en una religión oficial. (leer más)...

Una fiesta cristiana en Occidente
Mientras en Oriente festejaban el nacimiento de Jesús el 6 de enero, en el occidente de Europa empezaron a inclinarse por otra día: el 25 de diciembre. Esta fecha, como la anterior, tiene su origen pre-cristiano. En este caso, se trata de un culto al dios solar de los persas: Mitra. (leer más)...

Hoy se reconoce de manera casi unánime que la pre-existencia de las fiestas paganas relacionadas con la veneración al Sol, muchas veces representado como un niño recién nacido, fue lo que llevó a la Iglesia a fijar el nacimiento de Cristo la noche del 24 al 25 de diciembre.

La cristianización de la fiesta eliminó los ritos y símbolos paganos. Para constatarlo basta con repasar los rituales populares que rodeaban a la Navidad, sobre todo en Europa.

      PARA PEDIR POSADA
      (Letanías)

      (Los Peregrinos...)

      En el nombre del cielo, yo os pido posada, pues no puede andar, mi esposa amada.

      (Los Hosteleros...)

      Aquí no es mesón, sigan adelante, no les puedo abrir, no vaya a ser un tunante.

SE REPITEN LAS MISMAS ESTROFAS EN DOS CASAS MAS Y EN LA TERCERA LES DAN POSADA.

      (Los Peregrinos...)

      Posada le pido amado casero, pues madre va a ser, la reina del cielo

      (Los Hosteleros...)

      Pues si es una reina, quien lo solicita, como es que de noche, anda tan solita.

      (Los Peregrinos...)

      Mi nombre es José, Mi esposa es María. y madre va ser, del Divino Verbo.

      (Los Hosteleros...)

      Posada os brindo, Santos Peregrinos, y disculpa os pido, no os reconocía.

      TODOS...

      Entren Santos Peregrinos, Peregrinos... Reciban este rincón, que aunque es pobre la morada, la morada... os las doy de corazón.
    
     POSADAS
      Las posadas tienen su origen en la historia prehispánica, cuando los antiguos mexicanos celebraban en la época invernal el advenimiento de Huitzilopochtli, Dios de la Guerra, que se efectuaba en el mes llamado Panquetzaliztli, correspondiente en nuestro calendario al lapso que va del 7 al 26 de diciembre, lo que coincidía con la práctica europea de celebrar la Navidad.

      Probablemente fueron los religiosos agustinos quienes aprovecharon estas festividades para su tarea de evangelización, desapareciendo a Huitzilopochtli del culto, pero manteniendo la celebración durante la misma época, con características diferentes y siguiendo la tradición cristiana.

      Los evangelizadores representaron en las posadas el peregrinar de José y María a su salida de Nazaret en camino a Belén y, posteriormente, el nacimiento de Jesús. Esta representación se conforma de nueve posadas, que se inician el 16 de diciembre y consiste en solicitar alojamiento en ese simbólico camino a Belén hasta el día 25, fecha del nacimiento de Jesús.

      En 1586, Fray Diego de Soria obtuvo del Papa Sixto V un permiso que autorizaba la celebración de unas misas de aguinaldo del 16 al 24 de diciembre, y que se llevaban a cabo en los atrios de la iglesia. Como atractivo también había luces de bengala, cohetes, piñatas y villancicos.

      En siglo XVIII, Carlos III prohibió estos cantos, algo que a su muerte se volvió a poner en práctica, pero ya habían perdido arraigo en la población. Con otros elementos, como la comida y el baile, llegan las posadas del siglo XX, despojadas, en buena medida, de la religiosidad y que permanecen como una manifestación pagana.

      Lo más importante de las posadas es que reúnen a la comunidad ya que, por el hecho de ser repartido cada día entre una familia, o un grupo de familias, entran en competencia amigable y sobre todo en un mayor esplendor de alegría navideña.

      Con información de la Universidad de Guadalajara.
    
    
     PIÑATAS
      Las piñatas son el complemento indispensable de las posadas. Aunque tienen un origen bastante incierto, se sabe que llegaron a México por medio de los colonizadores españoles.

      Una de las versiones sobre su origen se remonta hasta los chinos, quienes las utilizaban con forma de vaca o buey para celebrar el año nuevo de su calendario. Estos animales estaban rellenos de semillas de cinco clases que se derramaban cuando las golpeaban con varas de diferentes colores.

      Posteriormente en el siglo XII, Marco Polo las descubrió en China y las llevó a Italia, donde se utilizaron para la celebración de la cuaresma en toda Europa. Cuando llegaron a América, se usaron para atraer a la gente a las ceremonias religiosas. El pueblo se apropió de ellas para las celebraciones populares y fue así como se han conservado entre nosotros.

      Los frailes españoles instruían a los indígenas de México usando piñatas con esta explicación:

      La piñata simboliza a las tres virtudes teologales:

      -La FE, porque vamos con los ojos vendados, sin otra guía que las voces arriba, abajo, atrás, que tratan de hacernos el mal.

      -La ESPERANZA, porque todos miramos al cielo anhelando y esperando el premio.

      -La CARIDAD, porque si rompemos la piñata destrozando los vistosos oropeles del pecado, alcanzamos los regalos deseados para compartirlos con los demás.

      Otro posible origen de este singular objeto, es que se adaptó de un juego prehispánico.

      Las formas clásicas de las piñatas han sido estrellas, animales o frutas, pero las más populares generalmente representan personajes de la época como sátira política.

      La piñata se llena con frutas de la temporada: cacahuates, jícamas, naranjas, limas, tejocotes, cañas, y en ocasiones se le agregan dulces como colaciones.

      Con información de la Universidad de Guadalajara.
    
UNA HISTORIA DE NAVIDAD

Había una vez un precioso país, situado al Sur, muy al Sur, y al Oeste, muy al Oeste, de Europa; más bien parecía un cruce de caminos, un escalón hacia el Norte, hacia el Sur, hacia el Saliente y hacia Poniente.

Pues bien, en aquel país había un "Cole", un colegio más, de tantos y tantos colegios repartidos por sus ciudades y pueblos.

Las clases venían impartiéndose en sus aulas desde los comienzos del siglo XX. Siempre con toda normalidad; tanta normalidad que a veces se caía en la monotonía. Pasaron los años, los meses, los días, las horas y llegó el siglo XXI.

A aquel país encrucijada de caminos, empezaron a llegar muchas familias de todos los puntos cardinales. Y con las familias niños y niñas con distintos idiomas, colores y costumbres. Y claro, las aulas de aquel hermoso y vetusto colegio se fueron llenando con aquellos niños y niñas que se unían a los que siempre habían vivido en aquel país.

Los profesores estaban preocupados. Su labor ahora, se iba haciendo más difícil ante aquella diversidad. ¿Sería un obstáculo en su tarea?.

Corría el mes de diciembre y como siempre llegaba la Navidad. Los profesores se reunieron en claustro. Allí se plantearían sus temores, sus preocupaciones y sus ganas de hacer las cosas cada vez mejor con aquellos alumnos y alumnas recién llegados. Se leyó el acta del Claustro anterior. Se aprobó. Y cuando iba a comenzar el gran tema que les reunía apareció por la puerta el conserje. Llevaba una gran cesta, de aquellas de Navidad, adornada con un hermoso lazo de color rojo.

Dentro de la cesta, y colocadas de forma primorosa, un sin fin de frutas: piñas, naranjas, uvas, kakis, mangos, plátanos, lichis, manzanas, arándanos, frambuesas, kiwis, moras, peras, cerezas, papayas, dátiles...

Se acercó a la gran mesa y dijo: "Miren, aquí les dejo este obsequio que acaban de dejar tres señores muy distinguidos y que no han querido decir su nombre".

Los profesores se quedaron gratamente sorprendidos.

Hubo un silencio y alguien dijo: "Fijaos, todas frutas y todas distintas y qué bonita diversidad de tamaños, formas y colores. No sabría con cuál quedarme. Aunque si, creo que me quedaría con todas.

Rieron todos la ocurrencia de su compañero.

Se hizo de nuevo un breve silencio. Se miraron unos a otros, y un mismo pensamiento les unió y animó. Un pensamiento que pareció disiparles los temores, infundiéndoles ánimo y fuerza: "Eso eran sus alumnos y alumnas, un gran cesto de frutas preciosas y diversas que aumentaban su belleza y su valor estando juntas".

No escatimarían esfuerzos para lograr su desarrollo como personas iguales, aunque ello entrañara un sin fin de dificultades.

        La fuerza les vino por eso, porque era Navidad, y Navidad siempre ha significado comprensión, tolerancia y amor.
 

MARGARITA RIVERA
Directora del C.P. Leopoldo Alas de Madrid

UNA BELLA HISTORIA

EN UNA NAVIDAD RUSA

      En 1994 dos americanos respondieron una invitación que les hiciera llegar el Departamento de Educación de Rusia, para enseñar moral y ética en las escuelas públicas, basada en principios bíblicos. Debían enseñar en prisiones, negocios, el departamento de bomberos de la policía y en un gran orfanato.
      En el orfanato había casi 100 niños y niñas que habían sido abandonados, abusados y dejados en manos del Estado.
      De allí surgió esta historia relatada por los mismos visitantes:

      Se acercaba la época de las fiestas de 1994, los niños del orfanato iban a escuchar por primera vez la historia tradicional de la Navidad.
      Les contamos acerca de María y José llegando a Belén, de como no encontraron lugar en las posadas, por lo que debieron ir a un establo, donde finalmente el niño Jesús nació y fue puesto en un pesebre.
      A lo largo de la historia, los chicos y los empleados del orfanato no podían contener su asombro. Algunos estaban sentados al borde de la silla tratando de captar cada palabra.
      Una vez terminada la historia, les dimos a los chicos tres pequeños trozos de cartón para que hicieran un tosco pesebre. A cada chico se le dio un cuadradito de papel cortado de unas servilletas amarillas que yo había llevado conmigo. En la ciudad no se podía encontrar un solo pedazo de papel de colores.
      Siguiendo las instrucciones, los chicos cortaron y doblaron el papel cuidadosamente colocando las tiras como paja. Unos pequeños cuadraditos de franela, cortados de un viejo camisón que una señora americana olvidó al partir de Rusia, fueron usados para hacerle la manta al bebé. De un fieltro marrón que trajimos de los Estados Unidos, cortaron la figura de un bebé.
      Mientras los huérfanos estaban atareados armando sus pesebres, yo caminaba entre ellos para ver si necesitaban alguna ayuda. Todo fue bien hasta que llegué donde el pequeño Misha estaba sentado. Parecía tener unos seis años y había terminado su trabajo.

      Cuando miré el pesebre quedé sorprendido al ver no un solo niño dentro de el, sino ¡dos! Llamé rápidamente al traductor para que le preguntara porque habían dos bebés en el pesebre. Misha cruzó sus brazos y observando la escena del pesebre comenzó a repetir la historia muy seriamente.
      Por ser el relato de un niño que había escuchado la historia de Navidad una sola vez estaba muy bien, hasta que llegó la parte donde María pone al bebé en el pesebre. Allí Misha empezó a inventar su propio final para la historia, dijo:

      "Y cuando María dejó al bebé en el pesebre, Jesús me miró y me preguntó si yo tenía un lugar para estar. Yo le dije que no lo tenía, ni mamá ni papá. Entonces Jesús me dijo que yo podía estar allí con El. Le dije que no podía, porque no tenía un regalo para darle. Pero yo quería quedarme con Jesús, por eso pensé que cosa tenía que pudiese darle a El como regalo; se me ocurrió que un buen regalo podría ser darle calor.
      Por eso le pregunté a Jesús: Si te doy calor, ¿ese sería un buen regalo para ti? Y Jesús me dijo. Si me das calor, ese sería el mejor regalo que jamás haya recibido".
      Por eso me metí dentro del pesebre y Jesús me miró y me dijo que podía quedarme allí para siempre.
      Cuando el pequeño Misha terminó su historia, sus ojitos brillaban llenos de lágrimas empapando sus mejillas; se tapó la cara, agachó la cabeza sobre la mesa y sus hombros comenzaron a sacudirse en un llanto profundo. El pequeño huérfano había encontrado a alguien que jamás lo abandonaría ni abusaría de el. ¡Alguien que estaría con el para siempre!

      Y yo aprendí que no son las cosas que tienes en tu vida lo que cuenta, si no a quienes tienes es lo que verdaderamente importa.

      Cocina tipica Navideña de Argentina

      Queridos amigos:
      Espero disfruten de estas recetas tipicas de la comida de fin de año, estos platillos pertenecen a la cocina tipica Navideña de Argentina.
      FELIZ NAVIDAD y que se les realizen todos sus sueños

      PAN DULCE

      Ingredientes

      1 huevo y 2 yemas
      100 grs. de fruta confitada (*)
      6 cucharadas de azúcar
      100 grs. de pasas de uva sin semilla (*)
      100 grs. de crema de leche
      100 grs. de nueces (*)
      50 grs. levadura de cerveza
      100 grs. de almendras (*)
      1 vaso de leche tibia
      100 grs. de pinyones (*)
      1/2 cdita. de sal fina
      100 grs. de manteca derretida
      1 cucharada de agua de azahar
      1 cdita. de esencia de vainilla
      350 grs. de harina1
      50 grs. maizena
      (*) A eleccion, aproximadamente 300grs. en total

      Preparación
      Disolver la levadura en un poco de leche tibia y dejar reposar unos 20 min. Batir el huevo con las yemas, el azúcar y la crema de leche. Tamizar juntas la harina y la maicena, e irlas agregando poco a poco a la preparación 2 alternando con la preparación 1.
      Trabajar bien la masa con las manos hasta que esté bien lisa.
      Dejar reposar la masa en un sitio templado, hasta que alcance el doble (más o menos) de su volumen.
      Picar la fruta al tamaño deseado y pasarla por harina (importante para que no se vaya al fondo de la masa) e incorporarla a la masa después que haya levantado.
      Poner en los moldes para pan dulce, enmantecado y enharinado y dejar que aumente un 50% más de su volumen.
      Si no se tiene molde para pan dulce, hacer dos bollos con la preparación y colocarlos sobre una placa enmantecada y enharinada. Luego sigue igual
      Pintarlos con agua azucarada (2 cucharadas en 1/4 de taza de agua hirviendo). Si se desea se puede esparcir un poco de la fruta picada para la preparación sobre la superficie del pan dulce.
      Cocinar en horno caliente hasta que esté dorado y cocido por dentro (hincar un cuchillo limpio en el medio, si está cocido, saldrá limpio).
      Enfriar y espolvorear con azúcar impalpable.