|
Recopilado por: C.L. Gonzalo Retamal Moya (+)
Chile
Ya se ha comentado en una lección anterior que además del lenguaje
verbal, existe un lenguaje corporal (movimientos, gestos, actitudes,
etc.) del que muchas veces uno no es consciente, ni sabe muy bien cómo
funciona.
A través de este lenguaje corporal, el orador transmite también
mensajes: nervios, timidez, seguridad, confianza, dominio, entusiasmo,
dudas, etc.
Desde el momento en el que uno accede al escenario, el movimiento de
las manos, la expresión de la cara, la postura, los movimientos en el
estrado, la mirada, etc. todo ello está transmitiendo mensajes
diversos. El público los capta con total nitidez.
A veces puede suceder que estos mensajes sean contrarios a lo que el
orador está tratando de comunicar con el lenguaje verbal.
Por ejemplo, el presidente de la compañía les está diciendo a sus
empleados que lo que más le preocupa es el bienestar de ellos, pero en
ningún momento se toma la molestia de mirarlos a la cara.
La mejor forma de percibir este lenguaje corporal es grabándose en
vídeo.
Muchos se sorprenderían: tics nerviosos, manos inquietas que no paran
de moverse, gesto contrariado, mirada al techo, inmovilismo, etc.
Por tanto, dada la importancia que tiene en la comunicación, es un
aspecto que hay que trabajar convenientemente en los ensayos.
Desde que uno sube al estrado debe ser capaz de utilizar este lenguaje
corporal en sentido positivo, facilitando la conexión con el público,
reforzando su imagen.
Hay que transmitir serenidad y naturalidad, evitando gestos, actitudes
o movimientos que resulten afectados.
Hay que subir al estrado con seguridad, con tranquilidad (las prisas
denotan nerviosismo e inseguridad)
Durante la intervención es conveniente moverse por el escenario, no
quedarse inmóvil, pero controlando los movimientos, evitando deambular
sin ton ni son. La movilidad rompe la monotonía y ayuda a captar la
atención del público.
Si el discurso es leído no cabe la posibilidad de movimiento, pero sí
se debe mantener una postura cómoda, erguida, aunque natural, no
forzada, sin aferrarse al atril (sensación de inseguridad).
Si el orador está sentado tratará de incorporarse a fin de realzar su
figura y no quedar perdido tras la mesa (para establecer una
comunicación con el público es fundamental el contacto visual).
Si es posible (por ejemplo en un aula) es aconsejable moverse entre el
público, ayuda a romper las distancias, transmitiendo una imagen de
cercanía.
Hay que tratar de superar la timidez, transmite inseguridad y dificulta
la conexión con el público.
Los gestos de la cara deben ser relajados: una sonrisa sirve para
ganarse al público, mientras que una expresión crispada provoca
rechazo.
El movimiento de las manos debe estar ensayado. Tan mala impresión
producen unas manos que no paran de moverse, como unas manos inmóviles.
Los movimientos deben ser sobrios. Las manos se utilizarán para
enfatizar aquello que se está diciendo, de manera que voz y gestos
actúen coordinadamente, remarcando los puntos cruciales del discurso.
La propia situación del orador en el escenario transmite también
mensajes subliminales:
De pie, en el centro del escenario: autoridad.
Sentado, en un lateral del escenario: actitud más relajada, menos
solemne.
Además del lenguaje verbal y corporal, el orador también transmite una
imagen personal que será valorada positiva o negativamente por el
público.
Hay que tratar de proyectar una imagen positiva.
Una imagen agradable, abierta (aunque uno sea un tímido empedernido),
atractiva, etc., es valorada favorablemente por el público y ayuda a
ganarse su estima.
Una imagen descuidada, hosca, antipática, pone al público en contra
(aunque comparta las ideas expuestas).
El orador debe vestir de forma apropiada para la ocasión:
Si se trata de un acto formal, vestirá con traje.
Si se trata de acto informal, podrá vestir de manera cómoda, deportiva,
etc.
Hay que tratar de no desentonar con el público asistente.
Tan llamativo resulta vestir de manera desenfadada en un acto formal,
como ir de chaqueta y corbata cuando el público viste de forma casual.
El orador tiene que informarse de cómo debe ir vestido. En caso de duda
es preferible adoptar la opción más conservadora.
Una vez definido el estilo (formal o casual), el orador tratará de
vestir algo mejor que la media del público asistente (no en balde es el
protagonista).
Tiene que sentirse cómodo, a gusto con su apariencia. Esto acrecienta
su autoconfianza y le permite luchar contra la inseguridad.
No obstante, debe evitar todo exceso (no se trata de ir hecho un
figurín). La imagen debe realzar su figura, pero sin llegar a
eclipsarla (el público tiene que prestar atención al discurso y no
distraerse con un atuendo espectacular).
La imagen también debe estar en consonancia con el mensaje que se
quiere transmitir:
Si se trata de una reunión festiva, por ejemplo, para celebrar los
estupendos resultados del ejercicio, el orador puede vestir con cierto
exceso (aunque dentro de un orden).
Si por el contrario, el director de la compañía va a comunicar un
recorte de plantilla debería vestir de manera más sobria.
Detalles que uno cuida en su vida ordinaria, deben recibir una especial
atención cuando se va a hablar en público:
Bien peinado, bien afeitado, dentadura reluciente, zapatos limpios, los
botones abrochados, corbata bien colocada, etc.
Antes de subir al estrado es conveniente realizar una última revisión,
por si acaso (¿cremallera del pantalón bajada?).
Hay que evitar cualquier detalle que pueda afectar negativamente a la
imagen.
Por ejemplo, si el orador es de baja estatura debe cuidar que el atril
que utilice sea el apropiado (que no quede oculto detrás).
Si intervienen dos personas al mismo tiempo con diferencias de estatura
considerables, es conveniente que se sitúen algo separado para evitar
resaltar el contraste.
El orador puede apoyar el discurso utilizando distintos medios
visuales: pizarra, transparencia, pantalla del ordenador, etc. Sirven
para captar la atención del público (rompen la monotonía).
Facilitan la comprensión.
Enriquecen la presentación.
Ayudan a transmitir una imagen de profesionalidad.
Dan seguridad al orador (cuenta con material de apoyo).
El orador tiene que saber cuándo y cómo emplear estos medios visuales.
Pueden servir de apoyo al discurso (ayudan a captar la atención del
público) o pueden suponer un obstáculo (distraen).
En su uso debe primar la simplicidad:
Se utilizan para clarificar y hacer más comprensible la exposición;
esto sólo se consigue con imágenes sencillas (si son complejas y
difíciles de interpretar, en lugar de aclarar confunden más).
Se deben utilizar imágenes con colores: permiten resaltar los más
relevante, remarcar las diferencias y hacen que la imagen resulte más
atractiva.
Este material de apoyo debe ser eso, un apoyo al discurso, y no
convertirse en la base de la presentación. No pueden restar
protagonismo al orador.
Si se va a utilizar material de apoyo, hay que emplearlo ya en los
ensayos. En los ensayos hay que recrear las condiciones en las que se
va a desarrollar la intervención.
El uso de este material de apoyo requiere una práctica que sólo con el
ensayo se consigue.
Puede ocurrir que al contar el orador con material de apoyo se sienta
más tranquilo y le lleve a desatender el ensayo: no se puede caer en
este error.
Hay que tener prevista la posibilidad de que en el momento de la
intervención no funcione el proyector.
Para evitar una situación tan difícil como ésta (por remota que
parezca) el orador, además de preparar el discurso contando con estos
elementos de apoyo, debe ensayarlo también sin la ayuda de los mismos.
Es decir, tiene que estar preparado para, si es necesario, desarrollar
su discurso sin emplear estos apoyos visuales.
La pantalla o pizarra se situará en el centro del escenario para
facilitar su visión desde todos los ángulos.
Mientras explica la imagen, el orador se situará al lado de la pantalla
para que el público pueda verle al tiempo que sigue la explicación, sin
tener que ir mirando de un sitio a otro (podría llegar a perder la
atención en el orador).
El orador, mientras explica la imagen, estará mirando al público y no
de espalda contemplando la pizarra o la pantalla.
Si se van a proyectar transparencias o se van a realizar demostraciones
en la pizarra, se debería indicar al público al comienzo de la
intervención que a la salida van a recibir copia de este material.
Se trata de evitar que se pasen toda la sesión tomando apuntes, ya que
le impediría presta la atención debida.
Veamos algunos elementos de apoyo.
a) Pizarra
Permite desarrollar una explicación paso a paso. Sólo se empleará con
grupos reducidos (no más de 40 personas).
Cuando se utiliza hay que tener en cuenta:
Escribir con letra clara y grande, que sea fácil de entender. Es
conveniente utilizar varios colores: por ejemplo azul y rojo (uno para
escribir y otro para subrayar).
Mientras se escribe, hay que situarse en un lateral para tapar lo menos
posible.
Ir leyendo lo que se vaya escribiendo (facilita su seguimiento).
Una vez que se termine de escribir, uno se volverá rápidamente hacia la
audiencia, colocándose al lado de la pizarra.
|