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Recopilado por: C.L. Gonzalo Retamal M.
Chile
El momento de la verdad.
Empezar el discurso.
Interesar, no aburrir.
Adaptación a la audiencia.
Comenzamos nuestra exposición, hablando en un volumen adecuado, con una
vocalización clara y un tono agradable. Debemos desenvolvernos con
naturalidad, y creyendo en lo que decimos.
Como en muchos ámbitos de la vida, debemos ser un poco “psicólogos” y
ver cómo reacciona el público, para imprimir, en la medida de lo
posible, otro tono, ritmo y cadencia a nuestra exposición para mantener
la atención del mismo.
Lo menos aconsejable es acelerar o “correr” demasiado para terminar
antes; no es aconsejable.
Para mantener la atención del público lo mejor es hacer pausas breves,
utilizar anécdotas o contar curiosidades, pero procurando no utilizar
la primera persona del singular (yo). Lo que debemos descartar son las
frases hechas y los tópicos, hay que ser originales.
Según los expertos, es mejor utilizar un lenguaje directo que indirecto
y la voz activa mejor que la pasiva. En la medida de lo posible,
debemos evitar estadísticas y utilizar demasiados datos numéricos.
Siempre se debe mirar al auditorio y nunca al suelo o a los lados. Y
mucho menos a la parte de atrás, aunque haya otras personas. Y debemos
ser correctos con los oyentes, y pedirles perdón si nos equivocamos o
cometemos algún error.
Una sonrisa inspira confianza y ofrece un aspecto más atractivo,
siempre que lo hagamos de corazón. Debemos evitar risas forzadas y
modales poco naturales. Cuidado con la risas si lo que está diciendo es
sobre temas muy serios; no hay que confundir la cordialidad con la
falta de seriedad.
Llegó la hora y los nervios a flor de piel. Empezar el discurso.
Tono de voz adecuado y ritmo
Dicen los expertos, que los nervios, si no son excesivos, ayudan a
tener un mayor nivel de adrenalina en nuestro cuerpo, y agudizan
nuestra capacidad intelectual. No obstante podemos tomar una infusión o
cualquier otro tipo de bebida (no alcohólica) que nos haga sentir
mejor.
La preparación previa, a la que habíamos hecho referencia con
anterioridad, es fundamental, para perder los nervios. Cuando se domina
el tema y se está preparado, la seguridad nos hace estar menos
nerviosos. También, estar entretenido antes de nuestra intervención
(charlando con otras personas, leyendo, etc.) nos ayuda a tener la
mente ocupada en otra cosa.
Si aun así, sale nervioso a realizar su intervención, procure no
hacerlo notar con tics, gestos (tocarse la nariz, meterse las manos en
los bolsillos, etc), golpecitos en el micrófono o en el atril,
golpecitos con el bolígrafo, doblar papeles, etc. Como un buen actor,
deberás disimular tu nerviosismo, y no transmitir esta sensación al
público, que suele ser muy receptivo.
Llegado el momento, hable como si estuviera solo en su casa, frente al
espejo; hable con naturalidad. Nunca comience con una falsa modestia
(dudando de la razón por la que le han invitado o cosas por el estilo)
o hablando demasiado sobre usted (aunque sea, el homenajeado, por
ejemplo).
Fije la atención del público nada más empezar con un esquema general de
su intervención. Esta primera impresión es importante al comienzo, ya
que de ella depende, en gran medida, el éxito posterior de nuestra
intervención.
Elija un tono de voz adecuado y un ritmo “ligero”, que no haga
demasiado monótona su intervención. Procure mantener la atención
constante de su público, empleando todas las “armas” que tiene a su
alcance y que hemos dado anteriormente (anécdotas, curiosidades, etc.).
Preparación previa a la intervención. Qué preparar. Cómo prepararlo.
Todo el mundo coincide que una preparación previa de nuestra
intervención le dará mayor fuerza y credibilidad a la misma. Por lo
tanto, es muy importante los ensayos y preparaciones previas.
Casi todos los expertos recomienda un ensayo frente al espejo, para que
podamos vernos, aparte de escucharnos, y ver nuestros gestos y nuestros
movimientos de manos y del cuerpo. También recomiendan el uso de una
grabadora, para grabar nuestros ensayos y encontrar posibles errores de
tono, dicción, etc.
Con todo esto logramos “pulir” nuestros posibles defectos o faltas a la
hora de hacer una intervención hablada. Para mejorar aun la calidad de
nuestros ensayos previos, podemos pedir la colaboración de amigos o
familiares que nos digan su punto de vista.
No dude, en acompañar su intervención con gestos y muecas “medidos” que
le den más fuerza a su exposición.
Si le toca hablar de temas que no domina, pida el consejo de
profesionales o expertos en la materia, para que le asesoren (y por
supuesto realice más ensayos para cubrir esta carencia, y dar la
impresión al público de que domina el tema tratado).
Cuando se habla de otras personas o de trayectorias en diversos ámbitos
(negocios, laboral, etc), se puede hacer una introducción histórica
previa que ponga en situación a los oyentes. (por ejemplo, si se
entrega una medalla a una persona, no podemos hablar de esa persona en
tiempo presente, sino relatando los méritos que le han llevado a
conseguirla).
Si la intervención no es corta, podemos utilizar el recurso de meter en
nuestra intervención anécdotas y “situaciones especiales” que
despierten el interés del público y les haga más amena nuestra
intervención.
Si no deseamos leer de forma literal nuestra intervención, debemos
tener, al menos, un esquema de la misma, en frases esquemáticas, que
nos vayan guiando y que nos sirvan de referencia en caso de olvido o
cualquier otro posible contratiempo.
Los puntos fundamentales para preparar una intervención son:
1. Determinar al objetivo de la charla.
2. Planteamiento inicial (que se hará en función de ciertas variables:
quien es el público, motivo de la charla, objetivo determinado
anteriormente, etc.).
3. Tema de la intervención (una vez definido el objetivo y teniendo un
planteamiento inicial).
4. Cierre o conclusión.
Al igual que hacen los creativos de las agencias de publicidad, hagamos
un borrador con todo lo anteriormente expuesto, y vayamos dándole forma
poco a poco hasta llegar al texto definitivo. Hagamos todas la
correcciones que sean necesarias.
Si , habitualmente, usted hace intervenciones habladas, contará ya con
una serie de recursos, citas, anécdotas, etc. que utilizar en el
momento más apropiado. Haga uso de ellas. Si la organización se lo
permite, visite el lugar donde va a tener lugar la intervención para
hacerse una idea de la situación del público, de su situación en el
escenario o estrado, y de otros muchos detalles.
Pida una relación de medios disponibles (audiovisuales, sonido,
informática, etc.) para conocer de qué medios se puede valer para darle
mayor fuerza a su intervención.
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