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Recopilado por: C.L. Jorge Cassieri
Argentina
Por doquier se nos desafía a trabajar incansablemente para lograr la
excelencia en nuestra vida laboral. No todos estamos destinados a una
profesión o a un trabajo especializado; menos aún son los que se elevan
a la altura del genio en las artes y en las ciencias; muchos están
destinados a ser
obreros en las fábricas, los sembrados y las calles. Pero no hay
trabajo que no tenga importancia.
Toda tarea que eleve a la humanidad es digna e importante; debería ser
asumida con aplicada excelencia.
Si alguien está llamado a ser barrendero, debería barrer como Miguel
Ángel pintaba, como Beethoven componía música o como Shakespeare
escribía sus versos.
Debería barrer las calles tan bien que todos los habitantes del cielo y
de la tierra se detuvieran a decir: "Aquí vivió un gran barrendero que
cumplió bien con su trabajo".
Martín Luther King Jr.
Cada uno de nosotros, cada cual desde su lugar, importante o humilde,
tenemos una importancia capital. Estamos inmersos en un mundo tan
complejo que todos necesitamos de los demás para poder avanzar. Somos
piezas de un delicado mecanismo que funciona con los movimientos
sincronizados de sus diferentes componentes. Hay piezas que aparentan
ser más importantes y otras que suponen una importancia secundaria.
Pero... ¿Es realmente así?.
Nadie discutiría que el motor de un auto es mucho más importante que la
batería. Pero lo cierto es que el auto no funciona tanto si le falta el
uno como la otra. Sin duda que reemplazar un motor es mucho más difícil
y costoso que cambiar la batería, pero ambos son igualmente necesarios
para que el auto marche. Así como el auto necesita de todas sus piezas,
el mundo nos necesita a todos para funcionar.
El director de una empresa es tan importante como el menos
especializado de sus obreros. Pero todas éstas son necesidades e
importancias impersonales.
Porque la empresa funcionaría con este gerente o el otro; con este
obrero o el otro. Son necesarios un gerente y un obrero; muchas veces
no importa quienes sean ellos. Entonces, la importancia de cada uno es
una importancia relativa.
Pero en el terreno de los afectos, las cosas son diferentes... por
suerte son diferentes. Ahí sí que cada uno tiene una importancia
absoluta. Porque un padre, una madre, un hijo, una abuela, una tía...
no pueden ser reemplazados por otra persona. En el terreno del amor, no
somos simples piezas de un mecanismo. Cada uno de nosotros es un
mecanismo completo.
Por suerte, en la lucha cotidiana por la vida, al regresar del trabajo,
donde somos uno más, importantes, pero uno más, tenemos el refugio de
nuestro hogar, donde se nos colma de amor, de cariño, de atenciones, y
somos, y nos hacen sentir, protagonistas irremplazables.
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