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Recopilado por: CL. Julia Flores Mateo
Club de Leones "Nasca Lines"
Distrito H-3 - Lima - Perú
Estemos donde estemos, o hagamos lo que
hagamos, siempre nos encontramos con personas "difíciles". Nos cuesta
mucho relacionarnos con ellas: O son extremadamente quisquillosas; o
parece no importarles nada; o no pueden ser molestadas; o son
remarcablemente egocéntricas y desconsideradas...
¿Qué pasa con estas personas? ¿De qué planeta son? ¿Les place ser
desagradables y poco cooperativas? ¿Cómo se puede ser tan insensible?
¿Están ciegas? ¿Qué necesitan para darse cuenta? ¿Qué problema tienen?
Estas son algunas de las preguntas que solemos hacernos -y solemos hacer
a los demás- acerca de estas personas. Evidentemente, tienen el
potencial de quitarnos una enorme cantidad de tiempo y energía, al
hacernos hablar y hablar de sus actitudes, pero (más que gastar
muchísimo oxígeno)... nada parece cambiar!
Cuando estamos junto a ellas no somos felices: nos encontramos sin
opciones, resignados a que las cosas no mejoren y viviendo una
frustración continua, que no es buena para nuestro bienestar. Entonces,
¿qué podemos hacer?
Permítanos sugerirle un enfoque diferente. Uno que se centra en la
manera en que estamos observando, y que está basado en la siguiente
premisa:
"No conocemos cómo son las cosas, sólo sabemos cómo las observamos."
Cada uno de nosotros tiene su propia perspectiva de las situaciones que
vive. Eso es todo lo que tenemos: nuestra perspectiva. Nuestra
perspectiva son nuestras "interpretaciones". Reaccionamos, respondemos
y operamos desde nuestra perspectiva... pero muy raramente somos
conscientes de la perspectiva que tenemos acerca de alguien, ni de cómo
ésta dirige nuestras conductas. Uno de los procesos de aprendizaje más
poderosos que podemos emprender, comienza por mirarnos. Esto nos
permite preguntarnos, en primer lugar, "¿cómo estamos observando las
cosas?" y luego, "¿cómo llegamos a observarlas como lo hacemos?"
Echemos una mirada, para ver de qué está compuesta nuestra
perspectiva... Esencialmente está hecha de opiniones: acerca de "cómo
pensamos que son las cosas", de "cómo deberían ser", y de "cómo podrían
ser". El conjunto de esas opiniones, es la norma bajo la cual
vivimos... A lo largo de nuestra vida, "tejemos" todas nuestras
opiniones -de una manera muy coherente- dentro de nuestra historia.
Pero nunca observamos el proceso fundamental que formó nuestra
perspectiva.
Si pudiésemos ajustar algunas de nuestras opiniones, podríamos tener
una perspectiva diferente y -también- una manera diferente de
comportarnos. Sólo cuando estamos dispuestos a inspeccionar nuestra
perspectiva y observar el proceso que la formó, podemos plantearnos:
"¿Qué es eso que hace, alguien difícil para nosotros?"
Eso que hace, alguien difícil para nosotros, es que no vive según
nuestras normas y expectativas, y -para colmo de males- no somos
capaces de influenciarle a hacerlo... ¡Esto hace sonar todas nuestras
"alarmas", porque nuestras normas definen nuestra dignidad e
integridad! Definen el lugar y la manera de "pararnos" en esta vida. Y
cuando sentimos que nuestras normas son "violadas", tenemos una
respuesta emocional. Esta respuesta puede ser instantánea, o puede
transformarse en un estado de ánimo mucho más duradero, que viviremos
cada vez que tengamos que lidiar con la persona difícil.
Los estados de ánimos "colorean" la manera en que vemos nuestra vida.
Los estados de ánimo negativos, son lo suficientemente poderosos como
para atraparnos siempre en la misma perspectiva. Además, como nuestros
estados de ánimo están en nuestro cuerpo, también tenemos una reacción
física, reflejada por nuestra respiración, la tensión muscular y la
postura.
La manera tradicional de tratar a alguien "difícil", es apuntarle con
el dedo y hablarle de las características inaceptables de su conducta.
Al permitirnos mirar nuestra propia perspectiva, podemos adoptar otro
enfoque: uno que comience por apuntar el dedo hacia nosotros mismos y
por reconocer "cómo estamos observando las cosas". Es fundamental
recordarnos continuamente que -aquello que observamos- es sólo una
interpretación y, si bien pensamos que tenemos la "interpretación
correcta"... la nuestra no es más que una entre miles!
Es muy fácil caer en la trampa de ver nuestras interpretaciones como
"hechos". En parte sucede, porque encontramos que otras personas
también tienen similares interpretaciones. Pero esto sólo significa
"consenso", lo cual puede cegarnos a desarrollar caminos innovadores
para lidiar con problemas complejos.
Entonces, ¿qué podemos hacer? ¿cómo podemos influenciar para mejorar
las cosas, aún con la persona más intratable y "recalcitrante"? Las
siguientes revisiones, nos ayudarán a observar nuestras observaciones:
Revisión de normas: Clarifique la relación que está viviendo con
la otra persona. ¿Cuál es la norma (los valores centrales, o el
criterio para una conducta aceptable), que está siendo "violada"? ¿Cuán
importantes son esos valores para usted? ¿Desea aferrarse a ellos a
toda costa? Quizás su norma no sea negociable, pero la forma en que esa
persona "cumple" su norma podría serlo... Quizás estemos atrapados en
la opinión de cómo esa persona debería cumplir nuestra norma, como si
existiera un "único camino correcto". Las normas por las cuales
vivimos, juegan un rol paradójico en nuestras vidas. Son indispensables
y definen "quiénes y cómo deseamos Ser"... pero también nos atrapan en
una rígida e inflexible manera de observar las situaciones!
Algo que bien vale una inspección: nuestra creencia que la otra persona
conoce tan claramente nuestra norma como nosotros. O que esa norma
debería ser tan importante para ella, como lo es para nosotros...
Revisión de estados de ánimo: ¿Qué estado de ánimo vive con esta
persona (cuando piensa en ella, cuando alguien la menciona, cuando está
en su presencia)? ¿De qué color podría decir que es su estado de ánimo?
¿Qué consecuencias tiene, este estado de ánimo, con la calidad de sus
pensamientos y relaciones, con su calidad de vida? ¿Cuánto de ese
estado de ánimo se "infiltra" en otras situaciones de su vida?
Nuestro pensamiento habitual -acerca de los estados de ánimo- es que no
podemos hacer nada con ellos. ¿Dónde aprendimos eso? No somos
"títeres", por lo que es bueno preguntarse: ¿quién dirige nuestra vida
emocional?
Revisión de nuestro cuerpo: Nuestra respiración, y las maneras
sutiles en que configuramos nuestros músculos (los cuales influencian
en todas nuestras posturas), tienen un enorme -pero subestimado-
impacto en la manera que observamos. Cualquier historia negativa que
vivamos es corporalizada, lo que contamina nuestra efectividad al
relacionarnos con otros. ¿Cómo nos paramos, cuán rígidos estamos, cuán
profundamente respiramos? Cualquier estado de ánimo negativo, se
evidencia en un cambio de postura y respiración.
Revisión del mensaje: Es fácil asumir que estamos siendo claros
acerca de lo que queremos, pero ¿desde qué perspectiva? ¿Han sido
nuestros pedidos expresados claramente y sin ambigüedad, al punto de
existir una comprensión compartida -con la otra persona- de lo que
pedimos? ¿Hablamos desde nuestras propias preocupaciones -apuntando
nuestro dedo hacia nosotros- en lugar de "acusar" apuntándolo al otro?
¿Sentimos que aquello que queremos es válido y valioso, sin
sobre-estimarlo?
Revisión de la perspectiva: También podríamos llamar a este
punto "nuestra perspectiva de su perspectiva" O sea... ¿cómo piensa
usted, que la otra persona está viendo las cosas? ¿Cómo piensa que le
ve a usted? ¿Qué sucede en su mundo? ¿Parece feliz? ¿Tiene una opinión
positiva de sí misma? ¿En qué estado de ánimo vive?... ¿Cómo
incorporamos todas estas consideraciones en nuestro enfoque?
Una reflexión final: Es muy fácil subestimar la complejidad de
las "dinámicas" presentes en una interacción humana. No somos máquinas,
sino entidades biológicas complejas, algunas veces altamente
impredecibles, pero -sobre todo- cada uno de nosotros es un misterio,
tanto para nosotros como para los demás...
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