|
Recopilación para la Web
CL Jorge Cassieri - Argentina
La crítica es, en realidad, un lugar donde ponemos nuestro enojo.
¿Entonces, qué hacemos? Nos ponemos a criticar, o mejor nos sentamos a
mirar nuestra propia rabia? El hecho es que, más de una vez el hecho de
fijarme en el entorno, hablar de los que me rodean, me puede permitir no
ver mis propias cosas. Por eso, es que a veces, sobretodo en los barrios
o pueblos donde las personas se conocen más, se encuentran personajes de
los que se dice: "Viven pendientes de la vida de los demás..."
Si los analizamos no tienen vida propia, no tienen forma de hacer su
historia personal. No sienten que tengan cosas valiosas; internamente
tienen la sensación de: "yo ya no tengo nada..." , "yo no puedo corregir
nada y no sirve nada mío..." Entonces se ponen a mirar y en ciertos
casos a inventar, todas las cosas negativas que podría haber alrededor.
Observan, vigilan, critican. En este juego, obviamente, lo único que se
logra es vivir cada vez peor. Porque en realidad se está viviendo una
vida que no les pertenece, una vida prestada.
Yo puedo mirar en el ser que se me acerca porque es el que me ponen
adelante para aprender, en tanto y en cuanto vea todo lo bueno que tiene
para aportarme; y a su vez, todas las cosas que me molestan, tratar de
estudiarlas, de verlas, de aprender, porque allí está mi trabajo, de lo
contrario, no me molestarían. A mi no me fastidia una persona ansiosa,
si yo soy seguro. Me molesta lo afín, lo igual. Cuando critico muchas
cosas de una persona, si yo analizo la base de lo que estoy juzgando, me
doy cuenta que es mío, yo también lo tengo. Hay un juego que quizás es
el que más nos lleva a esto y es el que tiene que ver con los límites;
es esto de "no me gusta que me invadan", o "no me respetan". Y no me doy
cuenta que cuando critico me estoy metiendo en la casa del otro y,
mientras yo haga esto, estoy transgrediendo mis propios límites.
Yo me dispersé y en ese extenderme, los límites no están claros, por lo
tanto, cada día me van a invadir más. Es un juego de ida y vuelta, es
una ley de Causa y Efecto. Si yo necesito que me respeten, que me
valoren, lo primero que tengo que tener claro es cuáles son mis
espacios. Saber cuáles son mis cosas, lo que me costó tenerlas,
valorarlas y respetarlas. Si transmito pautas de respeto, todo el mundo
me va a respetar. Cuando me invaden, es porque no transmito pautas que
indiquen que me tienen que respetar, y lo que se da es lo inverso: me
enojo mucho y ahora soy yo el que se mete en la vida del otro. En esto
de pensar, hablar y actuar, como sabemos, hay emisiones y esas emisiones
vuelven a mí. Entonces cuidemos que sean positivas, pues con ellas
aporto, ayudo y yo crezco, o ensucio, lastimo y me lastimo...
Deberíamos tener una actitud más abierta hacia los demás. Una actitud de
respeto y de comprensión. Y antes de arremeter sin piedad con nuestra
crítica deberíamos ofrecer nuestra mente y nuestro corazón abiertos. Y
exhibir nuestra sensibilidad con la misma facilidad con que exponemos
nuestra crítica. Hay una frase que siempre debemos recordar: "Nunca
juzgues a otra persona sin haber caminado un kilómetro con sus zapatos".
Por lo tanto antes de criticar al otro tratemos de ver qué nos está
faltando en nuestro interior que nos lleva a eso, y por sobre todo
tratemos de entender que la ley de causa y efecto siempre se cumple y
que lo que damos regresa a nosotros en algún momento de nuestra vida.
Entonces hagamos que todo lo que salga de nosotros sea tan lindo que al
volver nuestra vida día a día se transforme en el mejor lugar, el más
preciado y en el más bello. |