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Por:
CL Edgar Arébalo P.
Bolivia
Es una acepción que generalmente se la emplea en forma discrecional,
sin tomar en cuenta el verdadero sentido que encierra la personalidad
que conlleva esta palabra.
El Asesor, en ningún caso es una simple persona decorativa a quién se
designa para cumplir con un formulismo, un compromiso o por
agradecimiento.
El Asesor desde el momento de su posesión resulta en cierta medida ser
cómplice y responsable de las actividades que realicen quienes lo han
designado. Consiguientemente merece todo respeto y consideración, por
lo que las resoluciones y disposiciones que emitan deben ser consultadas
y deben
tener la aprobación del Asesor.
El Asesor tiene que ser la persona capacitada, con experiencia y dominio
del tema del que se desea un criterio justo y veraz.
El Asesor es la persona de consulta, a la que se acude para tener
un conocimiento exacto en relación a un procedimiento del cual no se
tiene un dominio pleno.
El Asesor es el consejero que orienta para lograr conseguir la mejor
solución frente a una dificultad.
El Asesor también es el letrado que precisa la necesidad de respetar y
aplicar estrictamente las normas estatutarias y reglamentarias que rigen
la vida de una institución, cuidando que no se comentan excesos ni
arbitrariedades.
El Asesor tiene que ser una persona que ha recorrido palmo a palmo el
camino por el que están transitando quienes lo han designado y que
requieren de su guía y cooperación.
Resulta incoherente designar como Asesor a una persona que tiene menor o
igual experiencia y preparación que el que busca su
"asesoramiento". No es razonable ni lógico querer encontrar
una ayuda y orientación de una persona que no ha vivido y ha seguido
similar senda que el que busca una solución ante un conflicto.
Debemos decir también que no es decoroso el aceptar el nombramiento
como Asesor si no se tiene la suficiente experiencia como para poder
absolver con idoneidad las dificultades y consultas que puedan
presentarse. |